Mar Flores se sincera con Nagore Robles: «Me odian porque creen que voy a robarles al marido»

I. G. LA VOZ

GENTE

Mar Flores, en 2024, cuando participó como concursante en el programa «El desafío», de Antena 3.
Mar Flores, en 2024, cuando participó como concursante en el programa «El desafío», de Antena 3. José Oliva | EUROPAPRESS

La modelo, una de las celebridades más conocidas a finales de los 90 por relaciones como las mantenidas con Fernando Fernández Tapias, Alessandro Lequio o Cayetano Martínez de Irujo; contó en el pódcast de la presentadora vasca cómo sobrevivió a la fama

03 jun 2025 . Actualizado a las 18:39 h.

Mar Flores (Madrid, 1969) fue en la década de lo 90 una de las mujeres más conocidas de todo el país. Su notable belleza, le hizo en 1989 ganar un concurso convocado por la revista Elle, comenzando después una prometedora carrera como modelo que la llevo a pasarelas tan conocidas como Cibeles o Milán, colaborando con diseñadores como Giorgio Armani y protagonizando campañas para Cacharel o Montblanc, además de estar presente en su día en el mítico anuncio de Freixenet. Su vida amorosa, además, la llevó a estar presente en las revistas del corazón y programas de crónica rosa. Lo que sumado a su participación en series de televisión como Canguros, la convierten en uno de los personajes más conocidos del país. Una trayectoria de la que hizo balance en las últimas horas acudiendo al pódcast de la periodista Nagore Robles, La casa de mi vecina.

Allí, inevitablemente, habló como madre de Carlo Costanzia, el mayor de sus cinco hijos y que le ha hecho abuela a los 55 años por su relación con Alejandra Rubio, hija de Terelu Campos.

Carlo es fruto del primer matrimonio contraído por Mar, del que no guarda un gran recuerdo: «No era el momento, ni la persona, pero mi necesidad de confort, de apoyar la cabeza, de no tener que seguir demostrando, esto es lo que a mí me falló». Se casó con él cuando sumaba apenas 22 años, «necesitaba apoyarme tanto en alguien, había estado tanto tiempo sola, que me apoyé y no era la persona correcta», dice a la periodista vasca, al tiempo que, en todo caso, se muestra muy orgullosa de su primer retoño: «Yo quería ser madre y lo fui, fui la persona más feliz del mundo en ese momento».

Tras el matrimonio con Carlo, iniciado en 1992 y roto en 1996. Mar Flores sale con figuras tan conocidas como las del empresario Fernando Fernández Tapias, Alessandro Lequio o Cayetano Martínez de Irujo. Relaciones que provocaron un seguimiento constante a su figura por parte de los paparazi.

Mar Flores, siendo besada por Cayetano Martínez de Irujo durante el concurso hípico equiocio de Ferrol en 1999
Mar Flores, siendo besada por Cayetano Martínez de Irujo durante el concurso hípico equiocio de Ferrol en 1999 ASPA

Centrada en su familia

En el 2001, llegó la que ha sido su pareja más sólida, Javier Merino, empresario ligado a proyectos mineros y petrolíferos. Flores reconoció a la Nagore que hubo momentos en los que la fama le sobrepasó y fue en casa donde encontró la salvación: «Hay una frase magnífica que me dijo el padre de mis cuatro hijos, con el que he estado casada veintitantos años. Me ayudó a tomar una decisión que me ayudó a retirarme, hablando de un tema bastante polémico que fue portada durante muchos meses. Yo lloraba, estaba deprimida… Me dijo Mar, te estás creyendo sus propias mentiras. Yo he estado ahí contigo. Eso no es verdad. Eso me retumbó durante un par de días en la cabeza y dije me estoy enfermando. Ese día me retiré. Me casé y mi vida familiar me curó». A día de hoy, y a pesar de que la relación se rompió hace casi una década, ambos se llevan bien, después de «un divorcio con cinco hijos en el que pacto mi libertad. No pacto un dineral». «Yo le admiro. Seguimos viviendo una amistad permanente y creo que él está encantado con haberme conocido. Es uno de los mejores regalos que me ha dado la vida», detalla sobre la relación con el padre de sus cuatro hijos pequeños.

Una mujer que desata envidias

Mar, a día de hoy, sigue conservando la figura que llenó páginas de revistas de moda y lució los diseños de los mejores modistos. Algo que, sin embargo, no le ha beneficiado tanto como a priori pudiera parecer: «Yo disfruto de ver a las mujeres que crecen, que salen adelante... pero cuando vas a un sitio sin pareja, una cena con matrimonios, las mujeres me quieren matar porque se creen que me quiero liar con sus maridos. No vengo a cenar para ligar, vengo porque me aburro en casa y me habéis invitado».