Un «culebrón» bajo las bombas

INTERNACIONAL

Los afganos suspiran por un serial radiofónico de la BBC que los talibanes no se atreven a prohibir «Nuevo hogar, nueva vida» es el «culebrón» que hace soñar a los afganos. El enredo mantiene con la oreja en el transistor al 70% de la población y tres veces por semana endulza la vida bajo las bombas. Los talibanes no se atreven a prohibirlo, a pesar de que el «enemigo», la BBC, idea los diálogos en lengua pashtún.

26 oct 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

AFGANOS que ni tan siquiera tienen un techo se refugian en la voz cálida de Ibrahim. Hace vibrar sus oídos con el soniquete fibroso de uno de esos transistores portátiles que parecen de galena. Ibrahim, su mujer y su hijo acaban de escapar de una zona castigada por los bombardeos -los guiones están pegados a la actualidad- y se refugian en casa de unos parientes, ansiosos por tener noticias de los ataques. -Todo el mundo intenta huir por culpa de la guerra, dice Ibrahim. -Ojalá Dios conceda esperanza al país, proclama su tío. A pesar de que los mensajes subliminales están siempre presentes, lo importante de un buen culebrón son sus personajes y las enrevesadas situaciones por las que atraviesan. Sólo los talibanes hacen segundas lecturas. A diferencia de la serie en la que se inspira -Archers, pura flema británica-, los dramas radiofónicos afganos incluyen minas que explotan de improviso y dejan a uno de los protagonistas sin piernas, matrimonios forzosos -bellas jóvenes obligadas a casarse con barbudos ancianos-, amargas adicciones al opio y larguísimas disputas entre familias que suelen acabar con sangre hertziana. El objetivo inicial de algunos de estos culebrones de la sección internacional de la BBC para países subdesarrollados es la didáctica paternalista. Personajes poco creíbles, por ejemplo, que alaban las virtudes de los preservativos en países superpoblados. No es el caso de Nuevo hogar, nueva vida, a pesar de que cuenta con subvención de la ONU. Hay material educativo, pero lo importante es la historia. Aunque, cuando se iniciaron las emisiones en 1994, muchos no entendieran por qué la trama se cortaba en lo más interesante y tras 15 minutos de emisión. En la tradición oral afgana no hay pausas publicitarias. Ahora, los creadores del drama, todos refugiados, aconsejan entre líneas cómo hay que huir de un país en llamas. No necesitan inventarse nada. Tan sólo tienen que recordar sus propias experiencias. Algunos ya recibieron amenazas y la autocensura por temor a una represalia es comprensible. Pero se refugian en el apacible reino del doble sentido. Gordom Adam, responsable del proyecto, asegura que muchos afganos creen que BBC es un pueblo de Afganistán. Los viernes, la programación aprovecha la larga oración masculina en la mezquita para que las mujeres puedan oír a Ibrahim desde el interior de su burka -velo- sin dar explicaciones. Los talibanes prohibieron la vida. El teatro, la tele, los bailes... Pero no osaron arrebatarles los transistores. Temían que sus propios milicianos se rebelaran. Nuevo hogar, nueva vida tiene más adictos que el opio de las amapolas afganas. Y los talibanes lo escuchan a hurtadillas. Voces femeninas Sólo había un problema. Kabul exigió que se eliminaran las voces de mujeres. Pero la dirección del programa consiguió convencer a la intransigencia religiosa: si la historia refleja con realismo la vida en un pueblo afgano, no hay ningún pueblo afgano sin mujeres. La razón sigue siendo el mejor antídoto contra la sinrazón. Aceptaron. El problema es que los súbditos del mulá Omar poco podrían hacer contra la mano invisible de la BBC. El programa se emite desde Pakistán. No es como los budas. Es imposible bombardear las ondas.