
Demócratas y republicanos saben que este estado es vital en las presidenciales. Para asegurarse el voto de los anticastristas, Bush lanzó una batería de medidas contra Cuba
07 may 2004 . Actualizado a las 07:00 h.«Es una estrategia que dice que no estamos esperando el día de la libertad en Cuba, si no que estamos trabajando por la libertad en Cuba». Con esta frase anunció George W. Bush el jueves las nuevas medidas que quiere aplicar contra el régimen de Fidel Castro. El presidente norteamericano -que, con todos los problemas por los que está atravesando a causa del escándalo de las torturas en Irak, necesita darle un nuevo impulso a su depauperada imagen de cara a las elecciones-, le extendía así su mano a los anticastristas de Miami, considerados un filón electoral clave para hacerse con la presidencia el proximo otoño. Y es que tanto para el Partido Demócrata como el Republicano ganar en Florida equivale a hacerse con el sillón del Despacho Oval. No es para menos. En las anteriores elecciones del 2000, el estado gobernado por Jeb Bush fue la llave que dio la presidencia a su hermano por 537 sufragios, tras un polémico recuento que acabó en el Tribunal Supremo. Entre las medidas que presentó el jueves Bush, está conseguir que las emisiones de la Radio y TV Martí, de contenido anticastrista que se emiten desde Miami, puedan alcanzar al pueblo cubano a pesar de los intentos de Castro por frustrar dichas emisiones. Para ello las transmisiones se realizarán desde aviones. Además,se limitará el gasto de los turistas norteamericanos en la isla a 50 dólares diarios en lugar de los 164 actuales, así como las remesas que los familiares en el exilio envían desde EE.?UU. y que actualmente ya tienen un límite de 1.200 dólares. «Trabajamos para que llegue el día de la democracia en Cuba», aseguró el presidente durante la presentación de las medidas que llegaron tres días después de que la Comisión de Ayuda a una Cuba Libre, encabezada por el secretario de Estado, Colin Powell, le entregara el informe de 500 páginas con recomendaciones para presionar a todos los niveles al dictador cubano, así como para ir preparando a la isla para la transición democrática. La Habana reaccionó ayer diciendo que el conjunto de medidas de Washington son «crueles y cobardes» porque, entre otras cosas, «violan los derechos humanos» de once millones de cubanos. El exilio Pero sobre todo, lo que Bush pretende con su nuevo plan hacia Cuba es ganarse nuevamente la confianza de los 450.000 exiliados cubanos que viven en Miami, de los cuales el 68,5% está registrado con el Partido Republicano. Según una reciente encuesta -la más amplia hasta la fecha- de la Universidad Internacional de Florida realizada entre cubanoamericanos allí residentes, un 54% considera muy importante (más otro 20% que lo estima moderadamente importante) la postura del candidato en relación con Cuba a la hora de determinar su sufragio. «Ambos partidos saben que un cambio en el voto por parte de un diez por ciento del electorado cubano puede significar la victoria», explica el columnista del Miami Herald Jim Defede, lo que cobra especial importancia si tenemos en cuenta que uno de cada cuatro consultados no sabe todavía a quien votará en noviembre. En el 2000 las elecciones se decidieron precisamente en Florida y los exiliados votaron masivamente por Bush. Pero el año pasado comenzaron a llegar protestas a Washington por considerar que el presidente no cumplía sus promesas. De ahí que el inquilino de la Casa Blanca haya vuelto a poner la vista en la isla, aunque por el rabillo del ojo sólo esté pendiente de las consecuencias electorales que eso podrá tener.