Las favelas quieren más a Lula que a Dilma Rousseff

A. Lezcano González Serv. especial RÍO/LA VOZ.

INTERNACIONAL

Las imágenes del actual presidente predominan en la favela Dona Marta, en el morro del Corcovado

02 oct 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Pese a los enormes avances económicos y sociales, Brasil sigue siendo el país gigantesco, desigual, magnífico y cruel, todo a la vez, que deslumbra al mismo tiempo que llega a horrorizar. Es Brasil el país de 190 millones de habitantes que va a las urnas a cambiar de presidente, pero seguramente no de modelo económico, ese que va generando inclusión social al tiempo que crece su PIB.

Mucho han cambiado los sectores más desfavorecidos de las ciudades, inmensas en Brasil. No tanto los acomodados, ya en la cima. Unos y otros tienen inclinaciones de cara a las elecciones. Para resumir el sentir de la calle no hay nada mejor que acercarse a las dos caras del gigante sudamericano, y así certificar que entre una favela y un barrio de altos vuelos, ambos en la ciudad símbolo de Brasil, Río, hay más diferencias que miles de dólares de renta per cápita.

Parece más de lo que es

Apostado sobre un muro, William mira hacia arriba y dice: «No pasa nada, esto parece mucho más que lo que es. Pero en realidad estamos más seguros aquí que en muchos barrios de la ciudad». William es agente uniformado de la policía militar, y adonde mira es al final una cuesta empinadísima, a cincuenta metros, hacia donde salieron corriendo varios compañeros armados con fusiles de asalto, en plena operación. La imagen es de las de antes. La frase del policía, de las de ahora.

Estamos en la favela Dona Marta, en la colina empotrada entre el morro del Corcovado, donde está el Cristo Redentor, y el barrio de Botafogo; unas vistas incomparables. Y William tiene razón en que se puede estar tranquilo: Dona Marta fue el laboratorio para la pacificación de las favelas, y resultó clave para empezar a pensar en que se puede vencer al narcotráfico. Donde antes no se podía mirar, arriba de todo, ahora hay un cuartel de la unidad de pacificación: policías desarmados que hacen labor social.

Justo al lado, los niños juegan en una cancha de futbito rodeada de carteles de políticos. Si uno echa un ojo hacia abajo, en el intrincado tejido de casas de ladrillo sin revestir, verá salpicada la vista de grandes fotos de aspirantes a diputados y senadores. Con una particularidad: se ve más a Lula que a su candidata, Dilma Rousseff, y por supuesto que a sus oponentes, residuales aquí.

«El último Gobierno hizo mucho por la gente pobre. Ahora nosotros tenemos hasta turistas que vienen a ver Río desde otro punto de vista, y además nos dan trabajo», dice Leandro Silva, poblador de Dona Marta desde hace 25 años. El Ejecutivo ha puesto en marcha un programa de turismo, como siguiente paso a los programas sociales, como el Bolsa Familia, luego el transporte gratuito por funicular y, como guinda, la pacificación de la comunidad.