Con la pala en la mano y el deseo de no tener que salir a la calle. Así amanecieron ayer millones de neoyorquinos después de comprobar que el temporal de nieve y viento teñía de blanco la ciudad.
«Los trenes no funcionan, las calles están cortadas y encima todos los colegios están cerrados», aseguraba Jorge Cardoza, de 62 años, que desde las ocho de la mañana se afanaba por retirar la nieve de su acera «porque si alguien se cae en nuestro portal tiene derecho a denunciarnos y tendríamos que pagar una multa astronómica».
La tormenta condenó a quedar en tierra a miles de viajeros, entre ellos a la española Paula Campanaro, cuyo vuelo desde Madrid fue desviado a última hora a Atlanta. «Llevamos más de 48 horas para un viaje que se supone debería haber durado como mucho siete», afirmó esta valenciana. Tras tener que dormir en un hotel, se encontraba ayer todavía en tránsito y sin muchas esperanzas de llegar a su destino. «La compañía nos ha dicho que lo único que pueden hacer por nosotros es llevarnos hasta Filadelfia y de ahí, si tenemos suerte, que agarremos un tren», se lamenta.
Pero si entrar en la isla de Manhattan era ayer tarea complicada, abandonarla tampoco era fácil, especialmente para los miles de visitantes que decidían a última hora sustituir el avión por el coche.
Ese era el caso de Scott Windslow, procedente de Connecticut, que junto a toda su familia esperaba pacientemente a que el párking donde habían aparcado el camión en que viajaban abriera sus puertas para poder regresar a casa. «Básicamente, lo que ha pasado es que el ascensor que utilizan para bajar los coches se ha congelado y el dueño del párking no sabe decirnos cuándo lo arreglarán. Así que no tenemos idea de cuándo nos podremos ir».
Las fechas que preceden a la Navidad están consideradas en Estados Unidos como unas de las más lucrativas para los comerciantes locales, que suelen hacer su agosto gracias a las rebajas. Ayer, sin embargo, pocos comercios se aventuraban a descorrer la cortina después de que el alcalde emitiera una alerta y pidiera a los ciudadanos que permanecieran en sus casas.
«El ritmo ha sido muy flojo durante todo el día y lo cierto es que casi no compensa hacer el esfuerzo para los pocos beneficios que estamos teniendo», aseguraba Mustafah Kimin, dueño de unas de las tiendas de regalos de Times Square que ayer, sin la presencia de turistas, permanecía prácticamente vacía.
Esta es la segunda ocasión que la nieve castiga a la economía estadounidense, ya que el año pasado otra tormenta durante el día de Navidad alejó a las consumidores de las tiendas, causando unas pérdidas que fueron estimadas en varios millones de dólares.