Los jóvenes pagan 10 dólares por persona y día como impuesto revolucionario
05 ago 2012 . Actualizado a las 07:00 h.A 7 kilómetros de la frontera siria y en territorio libanés se encuentra el pueblo de Ersal, un oasis suní en medio de una región montañosa chií dominada por Hezbolá, la milicia aliada del régimen de al Asad. La simpatía de este pueblo hacia los rebeldes explica que el 50 % de los sirios que llegan al este del país busquen refugio aquí.
La mayoría son de Homs y han llegado través de Qseir. Jaled Abu Mahmud en la cincuentena llegó con sus dos mujeres, tres hermanos y siete hijos en enero. Se han instalado junto con otras cinco familias en un edificio a medio construir en el centro del pueblo. Los hombres trabajan en el comercio local de la piedra y las mujeres cuidan de los niños. «Tardamos 10 días en llegar a Ersal. Ahora esperamos la victoria del Ejército Libre Sirio (ELS). No podemos regresar hasta que no caiga Bachar o nos matarán nada más entrar en Siria» asegura el patriarca.
Varios jóvenes sirios sentados en corro sobre alfombras discuten las imágenes y noticias alrededor del invitado de honor: un televisor. El tema del día son las armas del ELS. «Ahora todo joven sirio es experto en armas», comenta uno. En un ambiente distendido responden a la pregunta de a quién votarían en un régimen pos Al Asad. «Queremos un líder que entienda nuestros problemas, los de los pobres, y que haya luchado con nosotros», comenta Jaled. Todos parecen unánimes en el nombre del futuro presidente: Riad al Asad, general desertor que dirige el ELS. En cuanto a las reuniones del opositor Comité Nacional Sirio en el extranjero son tajantes: «Los susodichos líderes exiliados se pueden quedar donde están, que no vuelvan».
El teléfono y la moto se antojan las dos posesiones más valiosas del refugiado. El primero como medio de coordinación y contacto con Siria y la segunda como vehículo para realizar trayectos ilegales de ida y vuelta.
Suena un móvil. Mouna, la mujer de Mahmud estalla en gritos, acaban de operar a su sobrino tras ser alcanzado en Qseir por una bala en la espalda. Quien habla es Mohamed, un rebelde que mantiene informada a la familia desde Qseir: «Estamos estupendamente de ánimos y estamos enviando más combatientes a Alepo. Si seguimos como hasta ahora en mes y medio o dos meses hemos acabado con el régimen de Al Asad. Si Dios quiere» asegura Mohamed.
Entrada de armas
Sobre las armas el combatiente se muestra optimista: «Tenemos controladas las fronteras con Irak, Jordania y Turquía. Estamos recibiendo todo tipo de armas incluidos misiles antiaéreos». Rechaza toda interferencia de yihadistas extranjeros en la lucha: «Vivimos en pueblos y nos conocemos todos. Si un libio, iraquí, argelino o cualquier extranjero entra lo sabemos todos. Es una táctica del régimen para desprestigiar la lucha». Si bien asegura que Qseir está liberado desde hace dos meses, la lucha prosigue a las puertas de la ciudad.
Desde su refugio en Ersal, los jóvenes prosiguen con su conversación en la que estiman a 30.000 los combatientes del ELS ya apostados en Alepo. Cada uno ha contribuido a su manera a la revolución: como conductores de heridos, abasteciendo en materiales y transportando armas e incluso luchando. «A los que no combatimos -aclara el mayor del grupo - pagamos un impuesto revolucionario de 10 dólares por persona y día como apoyo a la lucha y a los hermanos que la llevan a cabo».
Más de 4.000 refugiados
Bajo las bombas y presa del pánico, Nazha agarró a sus tres hijos y echó a andar hasta topar con un convoy de refugiados que huía de Qseir al que se sumó. El Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) ha registrado 4,188 refugiados de los cuales 2.000 son niños y 1.200 mujeres», explica Ahmad Flety, vicealcalde de Ersal. Los refugiados suman el 12 % de la población local.
«Se sienten protegidos en Ersal porque están a salvo de Hezbolá. El Ejército libanés intentó llevarse a cuatro sirios de aquí y 2.000 hombres salieron en su ayuda. Ya no lo han vuelto a intentar», asegura Flety.