Los rebeldes de Syriza desafían a Tsipras y fundan un nuevo partido

INTERNACIONAL

Los 25 disidentes defienden la salida del euro si no se cancela el rescate
22 ago 2015 . Actualizado a las 05:00 h.Nuevo punto y seguido en la interminable crisis griega. Tras meses al borde del cataclismo, la inestabilidad y la tensión política vuelve a echar raíces. La desintegración de Syriza ya es un hecho. La formación liderada por Alexis Tsipras no ha podido resistir las hercúleas negociaciones con la eurozona que han desgastado y agrietado hasta los cimientos al partido. La escisión se consumó ayer. Un grupo de 25 diputados anunciaron su marcha.
El divorcio se produce solo un día después de que Tsipras presentase su dimisión y propusiese la celebración de elecciones anticipadas para otoño. Una maniobra encaminada a coger desprevenidos a sus críticos y opositores. Sin embargo, este nuevo «frente popular» se fraguó poco a poco en las entrañas de Syriza desde que emergieron las primeras voces discordantes con su líder.
El exministro de Energía Panayotis Lafazanis, instigador de la sublevación, se erige ahora como líder de la nueva formación, Unidad Popular. «Somos un frente patriótico contra el vasallaje nacional, un frente democrático de reconstrucción para el país», aseguró ayer tras acusar de nuevo a Tsipras de «traicionar» a Grecia el 13 de julio, día en el que Atenas se comprometió a acometer nuevos recortes a cambio de un rescate de 86.000 millones de euros.
Unidad Popular
Unidad Popular agrupa a los miembros más radicales de Syriza. Tienen claro que serán la alternativa al rumbo que está tomando el partido, más orientado hacia la socialdemocracia que hacia los postulados revolucionarios con los que acudió a las urnas. «Queremos expresar el espíritu y la sustancia del 62 % que votó no a la austeridad», aseguró Lafazanis haciendo referencia al referendo del 5 de julio, en el que los griegos rechazaron las propuestas de la troika. «El no del referendo no quedará huérfano en estas elecciones», prometió.
El partido aspira a cancelar el acuerdo del tercer rescate, echar atrás las reformas e incluso a salir del euro de forma «ordenada» si los socios europeos no acceden. Son la tercera fuerza parlamentaria en número de diputados y podría poner en problemas a Tsipras para formar un nuevo Gobierno estable e incluso dejar en el aire la convocatoria de elecciones anticipadas. En primer lugar, porque tendrán derecho a asumir el mandato negociador para tratar de formar un nuevo Ejecutivo siempre y cuando la segunda fuerza, Nueva Democracia, fracase en su intento.
Quienes todavía se debaten entre la adhesión al nuevo partido y la lealtad a Tsipras son el incorregible exministro de Finanzas Yanis Varufakis y la audaz presidenta del Parlamento griego, Zoé Konstantopoulou, quien ya se negó una vez a presidir la sesión en la que se votó el rescate en señal de protesta. Lafazanis asegura que mantiene contacto estrecho con ambos. Varufakis aprovechó la ocasión para volver a acusar a Tsipras de «traicionar al pueblo griego» con un acuerdo que considera una «capitulación».
Bruselas da por hecho que la crisis provocará retrasos en la puesta en marcha de las reformas, pero no creen que esté en peligro el acuerdo. La Comisión Europea ve con buenos ojos los comicios, al igual que los socios europeos. «Puede ser deseable para tener una configuración clara del Gobierno griego», reconoció el jefe del grupo de trabajo del Eurogrupo. No obstante, su presidente, Jeroen Dijsselbloem, pidió que se celebren «lo más rápido posible».
Panayotis Lafazanis: de fiel aliado a líder de la rebelión
Era el hombre fuerte de Syriza. A nadie se le escapa que Panayotis Lafazanis ha sido una de las figuras más emblemáticas y respetadas del partido en los últimos años. Mano derecha de Tsipras desde el 2009, el matemático de 63 años se erigió desde entonces como el fiel garante del programa original que llevó a Syriza a conquistar el corazón del electorado el pasado 27 de enero con las promesas de una lucha sin tregua contra la corrupción y el fin de las políticas de austeridad. Tras esa cita, la cartera de Energía y Medio Ambiente cayó en sus manos.
Estricto y leal a sus principios. Su carácter radical e inflexible provocó duros y sonados enfrentamientos con los miembros más moderados de Syriza a lo largo de los últimos meses de negociaciones entre Atenas y sus socios europeos. No se sabe cuándo las cosas se empezaron a torcer, pero desde muy pronto Lafazanis vio claro que la unión de la izquierda tenía fecha de caducidad y comenzó a orquestar la rebelión interna.
El ala más revolucionaria de la formación, compuesta por los diputados procedentes de Plataforma de Izquierda (comunistas), respaldó al exministro en todas y cada una de sus críticas a la estrategia de negociación de su líder. Formó parte del núcleo duro de Syriza, con amplio apoyo de los comités internos, pero con mucha menos popularidad entre los griegos, quienes siguen apostando por el recién dimitido primer ministro.
Las tensiones alcanzaron su punto álgido tras la firma del acuerdo con los acreedores. Lafazanis lideró el motín contra el nuevo pacto que obligaba a más duras reformas y ajustes. No lo hizo solo. Otros miembros destacados del Gobierno siguieron su ejemplo. Tras la votación no se contuvo al asegurar que Tsipras había «traicionado al pueblo griego». La sublevación obligó al líder de Syriza a destituirlo del cargo y remodelar el Gobierno.
Ataques directos
La tensión dio paso en las últimas semanas a los ataques directos. El líder de Syriza no dejó pasar por alto las maniobras en la sombra de su exministro y criticó la falta de alternativas de la facción radical. Lafazanis no dudó en acusar a Tsipras de «no honrar al país ni a su gente». La batalla entre ambos se librará con casi toda seguridad en las urnas, un terreno adverso para el matemático, que si bien es un experto conocedor de la maquinaria de partido y un valor seguro para Unidad Popular, es mucho menos hábil seduciendo a la opinión pública. El carisma que tantas veces hace ganar o perder elecciones es una carta que sigue en manos de Tsipras.