La Pasionaria de ultramar

Rosa Paíno
R. Paíno REDACCIÓN / LA VOZ

INTERNACIONAL

CHRISTIAN HARTMANN | REUTERS

Mujer, negra, culta, de fuerte temperamento, lenguaraz e izquierdista irreductible, no deja muchos amigos ni dentro ni fuera del Gobierno

28 ene 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

Mujer, negra, culta, de fuerte temperamento, lenguaraz y una izquierdista irreductible. Christiane Taubira no deja muchos amigos ni dentro ni fuera del Gobierno. Esta Pasionaria de ultramar ha sido la pesadilla de Manuel Valls desde que era ministro de Interior. Ahora ve cumplido por fin su deseo deshacerse del incómodo icono de la izquierda que sobrevivía en su Gabinete. «A veces resistir es quedarse, a veces resistir es irse. Por lealtad a uno mismo, a nosotros. Para [dar] la última palabra a la ética y al derecho», escribió en Twitter al anunciar su dimisión.

Nacida en 1952 en la Guayana Francesa de descendientes de esclavos, deja a Francia la primera ley que reconoce la esclavitud como un crimen contra la humanidad, aprobada por la Asamblea en el 2001 tras la propuesta lanzada cuando era diputada. También la ley del matrimonio homosexual, adoptada en el 2013.

Hollande la nombró ministra de Justicia en su primer Gobierno (16 de mayo del 2012). Ha resistido hasta el cuarto Ejecutivo del mandato presidencial, tras las purgas de las figuras críticas del Partido Socialista. En los años en que el Gobierno batía récords de impopularidad, ella se convirtió en una heroína de la izquierda. Ácida y mordaz, no ahorró críticas a Valls por el desmantelamiento de campamentos de gitanos rumanos. Sus últimas pullas fueron para EE.UU. «Matadlos antes de que crezcan», se burlaba en un tuit ante las muertes de jóvenes negros a manos de policías.

Fue el blanco preferido de la ultraderecha, que incluyó insultos racistas. El más recurrente fue comparar a la ministra de piel oscura con un mono. La injuria le costó una multa a la revista ultra Minute y la expulsión del Frente Nacional a una militante aspirante a ser candidata a las municipales.

Con Taubira, François Hollande pierde a su escudo protector frente a los ataques de la izquierda de su partido. Cuando amagaba con desviarse hacia la derecha, o le acusaban de ello, el presidente siempre apuntaba: «No hay problema, Christiane todavía está conmigo».