Rigopiano, una siniestra carambola

INTERNACIONAL

20 ene 2017 . Actualizado a las 05:00 h.

La precisión de la cartografía geológica señala los Apeninos, en la confluencia de dos placas tectónicas activas, como de alto riesgo sísmico aunque los responsables se han empecinado en ignorarlo. En el 2009, la ciudad de L'Aquila fue arrasada por un seísmo, autoanunciado con sadismo durante meses, mientras los geólogos italianos tranquilizaban a sus compatriotas, «no va a pasar nada, las posibilidades disminuyen con cada nueva sacudida». Al final, los expertos, en la cárcel, y los muertos, enterrados en casa. En agosto del pasado año, recién llegado de Irán, adonde había ido a estudiar una zona sísmica muy activa, nuevamente los Apeninos se mueven arrasando Amatrice y su comarca. Solo el campanario del siglo XIII permaneció intacto después del desastre demostrando que antiguamente había otro estilo de construir. Pero el seísmo de Amatrice demostró también que los dineros destinados por el Gobierno italiano para reforzar las viejas construcciones de los Apeninos (aunque no tan viejas como el campanario de Amatrice del siglo XIII), habían tenido un destino diferente acabando en los bolsillos de los responsables de aquel Plan E italiano. También en esta ocasión los delincuentes acabaron en la cárcel aunque como siempre el pueblo confiado acabó enterrado entre los escombros de su propia casa. Medio año después, los Apeninos vuelven a hablar como saben hacerlo y su inagotable y siniestra experiencia ha puesto en evidencia la candidez de la especie humana. Se ha combinado un invierno de dureza excepcional, con un frío pronosticado por los partidarios del calentamiento global, un hotel construido en Farindola de Abruzo, al pie del Gran Sasso y una nevada excepcional que sin tiempo de consolidarse combinada con el nuevo seísmo ha resultado en una fatal avalancha de nieve que ha sepultado el hotel Rigopiano, a sus huéspedes, esta vez en nieve. Continuará, pues la gente no aprende.