El «hasta pronto» a ras de suelo de Giuseppe Conte

gonzalo sánchez ROMA / EFE

INTERNACIONAL

Riccardo Antimiani | EFE

El ex primer ministro italiano compareció en plena calle y negó que vaya a ser un obstáculo para la formación de un nuevo gobierno

04 feb 2021 . Actualizado a las 19:30 h.

Giuseppe Conte había acostumbrado a Italia a hablar desde las alturas del poder. Este jueves, en cambio, diez días después de dimitir como primer ministro, rompió su silencio en plena calle para despedirse del Gobierno, aunque dejando entrever que no dejará la política. El abogado al que el Movimiento Cinco Estrellas metió en política habló por fin, quizá atosigado por los rumores.

«Algunos me describen como un obstáculo para la formación de un nuevo Gobierno, evidentemente no me conocen o hablan con mala fe», sostuvo en una breve declaración sin preguntas.

El lugar desde el que escenificó su regreso no dejaba de tener su interés, por contrastar con sus apariciones institucionales y barrocas a lo largo de todos estos difíciles meses de pandemia.

En esta ocasión el protocolo pomposo de la política italiana quedó reducido a una sencilla mesa a las puertas del romano palacio Chigi, sede de la jefatura del Gobierno, siempre fuera de plano de las cámaras, al no ser el suyo un mensaje institucional.

El primer ministro habló desde este improvisado atril repleto de micrófonos, quizá más serio de lo habitual, pero con ese aire solemne, de dandi, que le ha hecho famoso.

Conte aprovechó para dejar entrever que su intención no es volver a las lecciones en la Universidad como se venía especulando, sino que pretende seguir en política, una plaza en la que ha aprendido a capear a la fuerza. Para ello se dirigió a los «amigos» del Cinco Estrellas, carentes de un liderazgo desde hace un año: «Os digo que estoy y estaré».

El «abogado del pueblo», como se autoproclamó hace dos años y medio en su debut, habló de «alianza» y futuro a sus leales socios de Gobierno, el Partido Demócrata y Libres e Iguales, de izquierdas. Y se permitió opinar sobre Draghi al abogar por la necesidad de formar un gobierno político y no tecnócrata.

El suyo en definitiva no es un «adiós», una palabra que de hecho no usó en ningún momento. Es más, se despidió hablando en primera persona del plural de la necesidad de «seguir» modernizando el país. Mientras lo hacía, el jurista podía ver ante sí a una legión de periodistas agolpados como si la distancia de seguridad contra el virus no fuera con ellos, y a espaldas de estos la céntrica Vía del Corso, donde la vida transcurría con normalidad y mascarilla.

A su mano derecha en cambio se alzaba la imponente columna dedicada a Marco Aurelio, el quinto y último de los conocidos como «Emperadores buenos» de Roma. Quién sabe, cualquiera podría pensar en un augurio para este primer ministro caído en batalla.

A pocos metros, en el Palacio de Montecitorio, Draghi empezaba las negociaciones para tomar las riendas.