Melania Trump entra en la campaña presidencial

Miguel Pérez MADRID / COLPISA

INTERNACIONAL

Melania y Donald Trump, el pasado marzo.
Melania y Donald Trump, el pasado marzo. Marco Bello | REUTERS

Los primeros actos de recaudación a los que asiste alimentan la teoría de que la mujer del expresidente reforzará su carrera electoral

21 abr 2024 . Actualizado a las 12:48 h.

La primera dama que nunca fue primera dama. La frase aplicada a Melania Trump durante la pasada presidencia de su marido podría cambiar radicalmente en caso de que el magnate republicano resulte elegido en los comicios del próximo noviembre en Estados Unidos. Una victoria que es probable según las encuestas y cuyas opciones pueden aumentar si la reservada mujer del candidato entra en acción durante los próximos meses para reforzar la campaña republicana.

La noche del viernes decidió meter un pie. Por segunda vez en un mes, en su agenda figuraba una cena social; la de recaudación de fondos de los Log Cabin Republicans, un grupo de conservadores LGBT que la aprecian casi tanto o más que a su esposo, Hace cuatro años, esta organización fundada en 1977, un auténtico lobi interno con presencia en los 50 Estados de la Unión, ya desembolso una importante cantidad por cenar con Donald y Melania. Cada invitado pagó por adelantado 10.000 dólares por sentarse a las mesas del club de Trump en Mar-a-Lago.

La atracción de la ex primera dama resulta poderosa. Hace quince días lo demostró en otro evento, organizado por el multimillonario John Paulson en su mansión de Palm Beach. Acudieron algunas de las mayores fortunas de EE.UU., como el inversor de fondos Robert Mercer, el magnate de los casinos Phil Ruffin o el poderoso empresario de la alimentación John Catsimatidis, que hasta 2009 militó en las filas demócratas.

La exmodelo eslovaca, casada el 22 de enero del 2005 con el polémico republicano, llegó y deslumbró. Es inteligente y buena conversadora. Hacía tiempo que no comparecían juntos en un acto político. La última vez ocurrió antes de que Trump entrase en la espiral de juicios en la que ahora vive inmerso, con la única excepción del recibimiento hace unas semanas al primer ministro húngaro, Viktor Orbán, de visita en su casa de Florida. Antes, a ella prácticamente solo se la había visto en dos ocasiones: en noviembre, durante el funeral de Rosalynn Carter, la esposa del expresidente Jimmy Carter; y en las exequias por su madre, Amalika Knavs, fallecida en enero.

En estos últimos cuatro años Melania se ha endurecido y la curiosidad a su alrededor ha aumentado. No hay nada como dejar de saber de algo o alguien durante un tiempo como para querer conocerlo todo. En la fiesta organizada por John Paulson, los republicanos -o sea, Trump- recaudaron 50 millones de dólares, la mayor cantidad registrada nunca en un único acto político en Estados Unidos, Como comparación, una cena de precampaña organizada por los demócratas en Nueva York con Joe Biden, Barack Obama y Bill Clinton -tres presidentes en un mismo salón- ingresó 26 millones. Quienes se sentaron a la mesa del matrimonio Trump en Florida pagaron 250.000 dólares por cabeza. Claro que muchos multimillonarios acudieron a la cena con el ánimo principal de discutir con el posible nuevo presidente de EE.UU. la conveniencia de reducir los impuestos a sus fortunas si gana las elecciones.

De la esposa de Trump se ha hablado mucho como de una outsider de lujo en la Casa Blanca. De alguien que no supo, o no quiso, interpretar los códigos de una primera dama. Legendaria es su independencia, la preferencia por la soledad y la búsqueda absoluta de intimidad en los actos cotidianos. Posiblemente nunca se dejará fotografiar a la salida de una clase de jogging como Jill Biden, o paseando al perro, como Joe el actual mandatario. A la Torre Trump de Nueva York entra por una puerta lateral directa a un ascensor privado con rumbo a su apartamento. «Su gente de confianza es su familia. Y ella, sobre todo, ha estado involucrada en la educación de su hijo, que lo es todo», afirman los cronistas de la Gran Manzana.

Lo de la dureza se explica bien. Ha aguantado todo tipo de rumores maliciosos sobre la vida en pareja, ahora le toca soportar el atolladero judicial de Donald Trump, affaires sexuales incluidos, y está la ausencia de su madre, fallecida a los 78 años. Amalika Knavs era una parte fundamental de su universo. La otra, la más grande, es Barron. Su hijo, de 18 años, empezará pronto una nueva vida académica, menos dependiente del ámbito doméstico. Melania, dedicada hasta ahora a él y su educación -para ella, uno de los valores más sagrados-, dispondrá de un tiempo que podría invertir en demostrar si es capaz de ser la perfecta regente de la Casa Blanca. A diferencia de Michelle Obama, Barbara Bush o Nancy Reagan, Melania fue una primera dama capaz de mantenerse reservada incluso en los actos oficiales. La llegaron a apodar la Esfinge. Hay periodistas de aquella época que lo achacan a la inexperiencia política, ya que la pareja saltó de los emporios financieros a la política, sin una carrera previa en todas las actividades, recepciones y galas necesarias para medrar en la carrera. Pero puede haber otro motivo para el distanciamiento.

A los Trump se les ha atribuido un proverbial desinterés por lo mundano y por aquellos que no poseen el poder, la gloria y la riqueza. A diferencia de Hillary Clinton, también, Melania ha sabido echar la cortina a los deslices de su marido. En enero del 2018 salieron a la luz los pagos del magnate a la actriz porno Stormy Daniels. Se supone que la entonces todavía primera dama se sulfuró y se marchó a la mansión de Mar-a-Lago dejando más solo que nunca a Donald en la Casa Blanca. Luego volvió, le acompañó a su discurso sobre el estado de la Unión y retornó a Florida. Lo único que dijo de los líos legales de su consorte es que son «problema de él».

La antítesis de los Clinton Con los Clinton, los estadounidenses, todos, acudieron a una terapia de grupo. A veces aquello fue más un culebrón venezolano que House of Cards. Pero con los Trump todo es hermético. Cómo se lleva el matrimonio, sometido a la presión de unos affaires sexuales contados en público con todo detalle y que retratan al magnate con unos instintos no precisamente recomendables, es un «misterio irresoluble», contaba este viernes el escritor Franco Bruni en un artículo en The New York Times. «Su vida con su familia (sus sentimientos hacia su familia) es algo que no podemos ver. Y ese punto ciego es una parte importante de lo que puede hacerlo parecer tan inhumano», indaga el autor sobre el candidato.

Pero quizás ese secretismo, que nadie pueda decir ni predecir nada, es lo que ejerce de salvavidas para un tipo que, incluso sentado en el banquillo como lo está ahora acusado de 34 cargos y con riesgo de cárcel, tiene grandes opciones de convertirse en presidente de EE.UU. Mucha gente ha compadecido a Melania por tener un marido tan aparentemente despreciativo, pero Kellyanne Conway, exasesora del líder republicano, aseguró en el 2022 que Trump solo teme a una mujer. A la suya. Y que ella marca muchas de las prioridades.

Con el caso Daniels o la condena a pagar una indemnización a la escritora E. Jean Carroll, quien acusó al millonario de haberla violado en los 90, también hubo predicciones de divorcio. Lejos de ello, Melania cree que las acusaciones están destinadas a interferir en la campaña electoral de su esposo y son un ataque contra ella y su familia, lo cual la convierte en una rival formidable para quien se cruce en su camino. Los periodistas le preguntaron en Florida si se dejará ver más en la campaña, en actos muy escogidos. Ella respondió: «Permanezcan atentos».