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La arzobispa que reprende a Trump en persona: «En el nombre de dios, tenga piedad de toda la gente de nuestro país que ahora está asustada»

J. Arranz MADRID / COLPISA

INTERNACIONAL

Trump con la revenda Mariann Edgar Budde, en la servicio ofrecido en la Catedral de Washington
Trump con la revenda Mariann Edgar Budde, en la servicio ofrecido en la Catedral de Washington Kevin Lamarque | REUTERS

Primeras demandas contra el presidente por su decreto para poner fin a la concesión de la ciudadanía a todo el que nazca en EE.UU.

22 ene 2025 . Actualizado a las 13:46 h.

Los nuevos presidentes de EE.UU. cierran los actos de investidura con una misa en la catedral de Washington. Donald Trump asistió junto a su esposa, Melania, y su vicepresidente, JD Vance, acompañado asimismo de su mujer, Usha. Se trata de una costumbre que se implantó en 1993 y que llevó al nuevo mandatario a este templo por segunda vez en apenas dos semanas, después de que a principios de mes acudiera al funeral del expresidente Jimmy Carter. Entonces se sentó en segunda fila porque la primera estaba reservada a Joe Biden, aún en la Casa Blanca, y se le vio compartir conversación con Barack Obama. Este martes, él era el gran y único protagonista.

 La arzobispa de la catedral, Marianne Edgar Budde, aprovechó la presencia de Trump para lanzarle una advertencia. «En el nombre de dios, tenga piedad de toda la gente de nuestro país que ahora está asustada», suplicó. Le pidió también «misericordia» hacia muchos de los colectivos que el republicano tiene en su punto de mira: los homosexuales, los niños transgénero... y «los que recogen nuestras cosechas y limpian nuestras oficinas, los que lavan nuestros platos en un restaurante o los que hacen los turnos de noche en los hospitales». «Puede que no sean ciudadanos o puede que no tengan la documentación apropiada, pero la gran mayoría de los inmigrantes no son criminales», lanzó ante la mirada incómoda de Trump y Vance.

 «Cabeza fría»

Mientras tanto, miles de personas que esperan desde hace semanas e incluso meses en México su oportunidad para entrar en Estados Unidos empezaron a sufrir ayer las consecuencias de la cruzada contra la inmigración a la que la nueva Administración de Donald Trump se ha aplicado a fondo desde el primer segundo. La incertidumbre, la confusión y la desesperanza se han disparado entre ellos tras los primeros pasos del nuevo presidente, que como ya había anunciado en su discurso de investidura, no perdió el tiempo para dictar toda una batería de decretos -hasta cinco que afectan de forma explícita a México- encaminados a blindar la frontera sur del país. Al otro lado de la misma, la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum ha optado de momento por evitar la confrontación y responder al endurecimiento de las políticas migratorias del vecino del norte «con calma» y «cabeza fría».

La declaración de emergencia nacional en la frontera, medida estrella de entre las órdenes firmadas por Trump nada más aterrizar en el Despacho Oval, otorga al presidente poderes especiales que le permiten asignar de forma unilateral fondos, por ejemplo, para la ampliación del muro fronterizo; o desplegar militares y a la Guardia Nacional en el límite territorial para contener la inmigración. Todo ello limitando la capacidad de control del Congreso, en el que por otra parte los republicanos tienen mayoría.

Los militares, además, que en su anterior mandato se limitaban a apoyar a las autoridades de inmigración, ahora podrían participar en las detenciones. De hecho, Trump ha dado un plazo de un mes al Departamento de Defensa para elaborar un plan «para cerrar las fronteras y mantener la soberanía, la integridad territorial y la seguridad de los Estados Unidos repeliendo formas de invasión, incluida la migración masiva ilegal, el tráfico de estupefacientes, el tráfico y contrabando de personas y otras actividades delictivas».