Una década después, Grecia aún paga la factura de la crisis financiera

Ricard G. Samaranch ATENAS / E. LA VOZ

INTERNACIONAL

Un hombre saca dinero de un cajero de Piraeus Bank, en Atenas, en julio del 2015
Un hombre saca dinero de un cajero de Piraeus Bank, en Atenas, en julio del 2015 Christian Hartmann | REUTERS

Desde el 2010, el nivel de vida ha caído tanto que hoy está a la cola de la Unión Europea, solo por delante del de Bulgaria

03 abr 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

El debate sobre la necesidad de aumentar el gasto en defensa suscita acalorados debates en Grecia. Y es que, si un país europeo sufrió unos efectos más duros que España de la crisis financiera de la pasada década, sin duda, este fue Grecia, y todavía está pagando la factura. Entre el 2009 y el 2019, sus Gobiernos fueron rescatados en tres ocasiones por las instituciones financieras internacionales en una crisis que puso en peligro el euro.

El precio fue un duro ajuste estructural que se plasmó en una quincena de paquetes de recortes. No hubo un ámbito que no se viera afectado: bajadas de las pensiones, despido de funcionarios, aumento integral del nivel impositivo, etc. Es decir, una auténtica pesadilla que parecía no tener fin. Ahora, la situación se ha estabilizado, pero dista de ser satisfactoria para la mayoría de helenos.

«La sociedad griega ve el futuro con pesimismo. Somos el país con una mayor ansiedad en la UE. La gente empieza a entender que nunca nos recuperaremos, que no volveremos al nivel de vida anterior a la crisis», comenta Dimitris Christopoulos, catedrático de Ciencia Política de la Universidad de Panteion. Hasta el 2010, Grecia era un país con un nivel de vida homologable al de los otros países del sur de Europa, como España o Portugal. Tras una caída de un 25 % de su PIB, ahora se halla en el furgón de cola del club europeo si se mide en poder adquisitivo, solo por delante de Bulgaria. «Hasta Rumanía nos adelantó», lamenta resignado Christopoulos.

Las paredes colindantes al despacho de Christopoulos exhiben varios grafitis. Otros han sido borrados, dejando un pegote de pintura de un color gris más tenue que el del resto de la pared. En un rincón, una pila de viejas computadoras metidas en cajas de cartón acumula polvo, como si alguien las hubiera dejado allí olvidadas hace años. En Grecia, parece que el tiempo se detuvo hace una década.

«Para poder llegar a final de mes y pagar el alquiler, debo tener dos trabajos. La mayoría de mis amigos está en la misma situación. Y aún así, no nos podemos permitir apenas ningún capricho», se queja Giorgia Nikoletou, una joven de 24 años que combina su trabajo de analista en una compañía de apuestas con la producción de espectáculos culturales. Nikoleta recuerda con nostalgia su niñez, cuando se iba de vacaciones a las islas griegas con sus padres, un lujo ahora reservado para las familias pudientes y los extranjeros. «Los sueldos van subiendo, pero siempre por debajo de la inflación. Y es que hemos ido acumulando crisis: la del euro, la pandemia, la guerra de Ucrania …», apostilla ante de dejar ir un resoplido. 

Sin embargo, no todo son malas noticias en Grecia. Los indicadores a nivel macroeconómico son positivos, y el país al menos ha recobrado una cierta estabilidad. Mientras que Alemania y Francia flirtean con la recesión, Grecia ha crecido los últimos años por encima de la media europea. Una de las razones, es un boyante sector turístico: el país, de 12 millones de habitantes, recibió 36 millones de turistas en el 2024, batiendo todo un récord histórico. Pero no es el único dato positivo. «Se espera que Grecia continúe creciendo. Ha recuperado la confianza de los mercados», sostiene Nick Malkoutzis, responsable del think tank Macropolis.

Atenas ha atraído inversiones de multinacionales como Pfizer o Microsoft, que han creado sedes en el país. De hecho, el país experimenta un pequeño bum industrial. Por todo ello, tras rondar el 28 % en el 2013, ahora el desempleo se sitúa aproximadamente en el 9 %. Ahora bien, el nivel de deuda pública sigue recortándose lentamente, y con más del 158 % del PIB, es aún el más alto de la UE.