Calambres, mareos y dolor de cabeza: señales de que el calor está afectando a la salud

Lucía Cancela
Lucía Cancela LA VOZ DE LA SALUD

VIDA SALUDABLE

Un hombre se refresca en plena ola de calor.
Un hombre se refresca en plena ola de calor. SANDRA ALONSO

Profesionales sanitarios recuerdan que, en épocas de altas temperaturas, es recomendable vestir ropa de algodón e hidratarse más de lo habitual

05 ago 2025 . Actualizado a las 13:51 h.

Las altas temperaturas tienen un impacto directo en la salud de quienes la sufren, ya que pueden aumentar el riesgo de deshidratación, edemas, calambres musculares y problemas de piel; además de agravar las enfermedades crónicas, e incrementar los accidentes cerebrovasculares y los partos prematuros.

Para evitar estos problemas, el organismo se ve obligado a hacer un esfuerzo extra para mantener el cuerpo en una temperatura normal, a través de dos mecanismos. Por un lado se encuentra la sudoración o transpiración, encargada de liberar el exceso de claro que hay a nivel orgánico; y por otro, la vasodilatación, que expande los vasos sanguíneos capilares, de manera que expone una mayor cantidad de sangre al aire exterior lo que facilita que se enfríe. Así, el cuerpo logra mantener la homeostasis, que varía en función de las personas, entre los 35 y 37 grados. Todo ello se consigue gracias al hipotálamo, la estructura termorreguladora por excelencia.

Síntomas de alarma

Ahora bien, en situaciones de calor extremo, esta labor puede resultar más difícil de lo habitual. La razón es que los mecanismos de regulación dependen de un intercambio de temperatura con el exterior. Si la de fuera es elevada, este cambio se encontrará, cuanto menos, con dificultades.

La situación adquiere cierto riesgo cuando la temperatura corporal alcanza o supera los 38 grados, ya que puede producirse un golpe de calor y, con ello, especialmente en personas vulnerables, un fallo multiorgánico.

Los síntomas que pueden alertar de un problema son la fatiga, los calambres, la sed intensa, altos niveles de sudor e, incluso, dolores que afectan a las piernas o al abdomen. A medida que la situación empeora, la persona puede experimentar mareos, aturdimiento, piel húmeda y fría, náuseas y vómitos, dolor de cabeza y que el pulso se vuelva rápido y débil. Además, la respiración puede acelerarse, y puede haber conductas erráticas, alteraciones de la conciencia o pérdida del conocimiento y convulsiones.

De los calambres al golpe de calor

La Sociedad Española de Medicina General (SEMG) explica, en un documento, que el golpe de calor se engloba en los síndromes de lesión por calor inducidos por el ambiente, donde también se clasifican otros cuadrados por los calambres por calor y el agotamiento por calor. «Las manifestaciones clínicas de los tres suelen solaparse y es habitual la progresión desde los calambres hasta el golpe de calor, pasando por el agotamiento. La razón de por qué en ciertas personas las altas temperaturas pueden provocar una situación u otra es desconocida, pero parece claro que existe una cierta predisposición genética», detalla la entidad.

Así, los calambres por calor es la forma más leve y temprana de este tipo de lesiones, y es más frecuente en personas jóvenes. El agotamiento es la más habitual, y se debe a una pérdida excesiva de agua y sal debido a la sudoración. Puede presentarse cuando la temperatura normal ronda los 38.5 grados centígrados, y el individuo tiene debilidad, sudoración, cefalea, mareos, o piel húmeda y fría. Eso sí, sin alteración del nivel de conciencia.

Finalmente, el golpe de calor sucede cuando el cuerpo «pierde completamente la capacidad para regular la temperatura y se caracteriza por una temperatura corporal superior a 40 grados y presenta una clara disminución o cambios en el nivel de conciencia (estupor o coma) o alteración del estado mental», detalla la SEMG.

Grupos de riesgo

El calor afecta a todas las personas; no obstante, existen grupos de riesgo en la población debido a factores de vulnerabilidad. La principal variable en este sentido es la edad. Los lactantes y los niños menores de cuatro años tienen una menor capacidad para regular su temperatura. Por su parte, los mayores de 65 pueden tener una disminución de la sensación de sed y una alteración de los centros de termorregulación del organismo.

También presentan un mayor riesgo las embarazadas, ya que se incrementa su temperatura corporal y su umbral de sed; los pacientes de patologías crónicas que puedan agravarse, como las cardiovasculares, las respiratorias, las renales o las neurológicas; las personas en situación de aislamiento social; las que tienen una diversidad funcional que le impida cubrir de manera autónoma sus necesidades; los pacientes que estén tomando ciertos medicamentos laxantes, diuréticos o sedantes, entre otros; así como los trabajadores al aire libre.

Prevención

Para evitar un susto, especialmente en los mayores, Ana Martínez, médica coordinadora de la Fundación Pública Urxencias Sanitarias de Galicia-061 pone el foco en mantenerse a la sombra, beber líquido continuamente y en llevar ropa fresca de algodón y que se pueda desabrochar. Además, en lugar de hacer tres comidas copiosas, «es mejor hacer cinco y que sean más ligeras, «con alimentos ricos en agua como la fruta o una ensalada», detalla.

Precisamente, Martínez recuerda que el golpe de calor no solo se produce en la playa o en la montaña, sino que también puede suceder en un viaje en coche que haya sido muy largo, en una celebración como una romería o, incluso, dentro de casa.

 Para los trabajadores al aire libre que, inevitablemente, se exponen al sol, la experta destaca la importancia de beber agua continuamente, «porque solo con el sudor ya evaporan mucho líquido» y aplicarse crema solar para evitar quemaduras.

Uxía Fernández, portavoz de la Sociedad Española de Medicina de Urgencias y Emergencias (Semes), señala que tener sed ya es un motivo de alarma: «Hay que prevenirla antes de que aparezca», comenta. En este grupo, la especialista también destaca la importancia de no trabajar en las horas centrales, y de intentar «tener a mano abanicos, gorras o sombrillas para protegerse la cabeza». Además, recuerda que se debe parar cuando haya síntomas como «dolor de cabeza, taquicardias, debilidad, sensación de mucha sed o náuseas y vómitos».

Qué hacer ante un golpe de calor

Ante la duda, la doctora Fernández reconoce que es mejor llamar a emergencias, ya que el tratamiento precoz es clave. De igual forma se debe trasladar al paciente a un sitio con sombra y fresco, tumbarle boca arriba y con los pies elevados, y quitarle la ropa innecesaria o incluso, desnudarle. Después, se deben iniciar medidas de enfriamiento con medios físicos como compresas frías o bolsas de hielo en cuello, axilas, ingles o incluso en la cabeza; y tratar que el aire circule a su alrededor, con ventiladores, abanicos o aire acondicionado.

La SEMG también plantea que se podrían iniciar hidratación vía oral con agua a pequeños sorbos si el nivel de conciencia lo permite, aunque si se trata de un golpe de calor, es poco probable.

Lucía Cancela
Lucía Cancela
Lucía Cancela

Graduada en Periodismo y CAV. Me especialicé en nuevos formatos en el MPXA. Antes, pasé por Sociedad y después, por la delegación de A Coruña de La Voz de Galicia. Ahora, como redactora en La Voz de la Salud, es momento de contar y seguir aprendiendo sobre ciencia y salud.

Graduada en Periodismo y CAV. Me especialicé en nuevos formatos en el MPXA. Antes, pasé por Sociedad y después, por la delegación de A Coruña de La Voz de Galicia. Ahora, como redactora en La Voz de la Salud, es momento de contar y seguir aprendiendo sobre ciencia y salud.