Crónica | Trabas para el turismo verde La falta de mantenimiento da un aspecto selvático a los principales accesos a la Devesa da Rogueira. Sus senderos interiores llevan años sin señalizar
10 jul 2004 . Actualizado a las 07:00 h.?s difícil entrar y casi imposible orientarse dentro para encontrar los rincones y paisajes más interesantes. La falta de mantenimiento, inexistente desde hace dos años, sigue cebándose en la Devesa da Rogueira, el bosque más conocido y visitado de O Courel. Por la parte alta, los accesos desde la zona del Alto do Couto se están cerrando por la maleza. Los matorrales que ocupan cada vez más el camino hacen que los caminantes tiendan a apartarse del sendero real para avanzar más fácilmente, lo que puede resultar muy peligroso porque ese itinerario discurre muy próximo a precipicios de más de 50 metros de caída vertical. Igual camino lleva la ruta de entrada al bosque desde la laguna de A Lucenza, cada vez más impracticable. Quienes hayan conseguido entrar en la devesa podrán comprobar que transitar por su interior tampoco es precisamente cómodo. Los rudimentarios puentes de madera construidos hace años para salvar los arroyos que cruzan los senderos están prácticamente destruidos. De ellos apenas quedan algunas maderas que los visitantes tienen que pisar con cuidado para no sufrir un traspiés. Sin señales En la Devesa da Rogueira siguen faltando señales indicadoras. Las que todavía sobreviven están tiradas en el suelo y borradas casi por completo. Las otras, simplemente han desaparecido. Por esta razón, llegar hasta algunos de los lugares de más encanto del bosque es una tarea ardua para quienes no conozcan el camino. Faltan señales, por ejemplo para encontrar la Fonte do Cervo, que se encuentra en un lugar al que no se llega sin antes haber tomado varios desvíos de la ruta principal. De unos años a esta parte, es cada vez más frecuente encontrarse con visitantes desorientados. Con la llegada del mes de julio empieza la temporada alta de visitantes en O Courel. Volverán a recorrer a miles los senderos del hayedo más occidental de Europa, aunque la maleza se lo ponga cada vez más difícil.