Tras el holocausto aviar

LEMOS

Veinte jóvenes grabaron en los montes de O Courel un corto en el que no faltaron ni los animales ni los tiros

30 sep 2007 . Actualizado a las 02:00 h.

La magia del séptimo arte y el encanto que tiene un rodaje cuando se hace con ilusión y entusiasmo llegaron esta semana a las montañas de O Courel de la mano de veinte jóvenes, todos ellos procedentes de la Escuela de Imagen y Sonido de A Coruña. Su objetivo: grabar un corto de ficción postapocalíptica titulado Holocausto aviar , en el que no faltó la acción, con tiros, motos y animales agresivos incluidos.

El monfortino Gabriel González es uno de los artífices de esta idea y uno de los tres guionistas, junto a Paula Rouco y María Álvarez, que es además la directora del proyecto. Mero Míguez se encarga de la banda sonora, César Seijas de la fotografía y Martín Gómez del sonido. En total, todo el equipo lo conforman una veintena de personas.

La historia ocurre en el 2008 con la llegada de una pandemia de gripe aviar que provoca la muerte de casi todos los humanos. El corto está ambientado en la Galicia interior, donde sobrevivieron algunas personas: la protagonista Anira, dos hermanos, tres portugueses, un tuerto que vive en una estación... «El argumento principal son los errores que comete el ser humano una y otra vez», explica Gabriel.

El rodaje transcurre entre O Mazo de Santigoso, en O Courel, y Ordes, en A Coruña. «De O Courel nos atrajo el paisaje, el retorno al rural, ese punto de abandono... y en Ordes ya conocíamos la estación antigua, que nos gustaba para el rodaje», continúa Gabriel.

Las anécdotas del rodaje

Éste es su primer corto y, como es lógico, ha estado cargado de dificultades desde el primer momento. «La preproducción ha sido escasa, nos faltaban cosas, había que pedir muchos permisos...». Sin embargo, presentaron su proyecto en la Xunta y les concedieron una subvención de 6.000 euros. «Repetiremos la experiencia, claro que sí. Durante una semana hemos dormido cinco horas al día y estamos agotados, pero merece la pena», comenta Gabriel.

Además del duro trabajo y del esfuerzo de coordinarse y organizarse también ha habido muy buenos momentos y alguna que otra anécdota. «Descubrimos que las ocas no vuelan», sentencia Gabriel antes de recordar con humor el desarrollo de una escena, en la que una oca debía saltar con las alas abiertas desde un tejado para asustar a los actores que estaban debajo. Sin embargo, al ver que la oca no quería saltar la empujaron, pero en lugar de abrir las alas cayó de lado como un trozo de plomo, y en vez de asustarse, los actores tuvieron que ir a socorrerla.

Ahora todo eso ha terminado, queda el montaje y la edición antes de que el público pueda verlo en sus pantallas. Todos los detalles sobre el rodaje serán accesibles en una futura página web.