Voluntarios plantan árboles en la ribera quemada del Cabe: «De cada cien igual prenden veinte, pero hay que pasar del lamento a la acción»

Carlos Cortés
Carlos Cortés MONFORTE / LA VOZ

LEMOS

Tratan de reforestar terrenos particulares de Sober que ardieron en el incendio de septiembre

21 dic 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

La ladera por la que pasa la carretera de acceso al pueblo de A Barca es una de las zonas más destruidas por el incendio que en septiembre quemó más de 1.700 hectáreas en la desembocadura del río Cabe. Eso y su fuerte pendiente la dejan muy expuesta a las escorrentías que pueden erosionar el suelo gravemente. Es la zona del municipio de Sober en la que la Consellería de Medio Rural colocó en noviembre barreras con paja y troncos quemados y es también el lugar elegido para la primera experiencia organizada de reforestación mediante voluntarios que se lleva a cabo después de ese incendio.

Convocados por asociaciones de vecinos y entidades ecologistas, cerca de medio centenar de personas acudieron este sábado a sembrar cereal y plantar árboles autóctonos en parcelas particulares en las cercanías de A Barca que hasta que llegó el fuego estaban cubiertas de bosque. El tramo final del Cabe forma parte de la zona ambientalmente protegida del cañón del Sil y es una área de gran riqueza botánica, con mezcla de arbolado propio de climas mediterráneos, como la encina o el madroño, con otros más habituales en Galicia, como robles y, en menos medida, castaños.

Los voluntarios estaban citados a las once de la mañana en la curva que hace la carretera de A Barca a la altura del mirador de Pena do Conde, el único de los de Sober que está situado en el cañón del Cabe. Allí los esperaban representantes de los colectivos organizadores, entre los que se cuentan las asociaciones de vecinos de A Barca, Santo Estevo de Anllo, Vilaescura y Rosende, la agrupación cultural O Colado do Vento, y la cooperativa local Ecooo, asociada al proyecto Guardabosques.

Allí, Marena Rodríguez, ingeniera forestal y presidenta de la asociación de vecinos de A Barca, les explica que el objetivo de este fin de semana es sembrar cereal en el terreno más pendiente y plantar árboles en la parte del terreno que está aterrazada.

«Ás zonas con máis inclinación non se debe acceder porque o solo está moi deteriorado, así que aí botaremos semente de cebada, centeo e trigo», explica. Y donde haya espacio llano irán las plantas. Las semillas las aporta el Ayuntamiento de Sober y las plantas proceden en algunos casos de donaciones individuales, pero la mayoría de un vivero del municipio ourensano de Cortegada y del colegio Infanta Elena, de Monforte.

Las bellotas que germinen

Una parte de las plantas no prosperarán y no todas las bellotas van a germinar, pero ya cuentan con ello. «De cada cen landras igual prenden vinte —admite Marena Rodríguez—, pero é mellor que o que viría se non poñemos nada». Y además, tercia José Vicente Barcia, de la cooperativa Ecooo, «se trata de pasar del lamento por los incendios a la acción, porque muchas veces la acción ciudadana es la que pone en marcha la acción institucional, que viene bastante más lenta de lo deseable».

En la bajada hasta A Barca ya ha brotado hierba y se ven hojas verdes en algunos árboles que ardieron pero parecen haber sobrevivido al fuego. Son sobre todo encinas, salvadas de la destrucción por su corteza gruesa. Pero son los menos.

La mayoría están tan muertos como los miles de pinos que llenaban los terrenos comunales no solo en las partes altas sino incluso en zonas próximas al río. «Queremos que se recupere o bosque autóctono —explica Marena Rodríguez, e con este nivel de destrucción e todas a semente queimada a recuperación espontánea é moi difícil».

La cuarta parte de la zona de especial protección del cañón del Sil

La desembocadura del río Cabe forma parte de la zona especial de conservación (ZEC) del cañón del Sil. El territorio protegido con esta denominación ocupa una superficie de 5.914 hectáreas, todas en el tramo bajo del Sil y del Cabe. Las riberas del Cabe representan aproximadamente la cuarta parte de la superficie total de esta zona de especial protección. Este territorio fue declarado lugar de interés comunitario (LIC) en el 2006 y ZEC en el 2014. La zona protegida del Cabe empieza a la altura del pueblo de Canaval y desde ahí se extiende hasta su desembocadura en el Sil. Son aproximadamente once kilómetros de cauce que en sus orillas guarda una vegetación espesa y muy variada, entre las que hay gran cantidad de encinas, alcornoques y robles, entre otras especies.