
Hace 20 años se descubrió en el desván del edificio una valiosa colección de libros antiguos
11 feb 2025 . Actualizado a las 10:51 h.Hace ahora veinte años se dio a conocer un hallazgo de excepcional importancia que incrementó considerablemente el patrimonio histórico del convento de Santa Clara de Monforte, conocido por su valioso Museo de Arte Sacro. El 12 de febrero del 2005, La Voz informó del descubrimiento de una colección formada por cerca de trescientos antiguos libros que permanecía olvidada en unos baúles en el desván del monasterio.
El hallazgo fue realizado por la historiadora monfortina Manuela Sáez, que buscaba el rastro de una colección de libros que había sido donada a la comunidad religiosa por Catalina de Zúñiga, sexta condesa de Lemos, según constaba en ciertos documentos históricos. Al examinar los baúles —en los que las monjas creían que solo se guardaban misales y otras obras similares— Sáez encontró una Biblia latina editada en Amberes en 1536. Esta obra, que figuraba en el catálogo de la donación hecha por la condesa, salió de los talleres del prestigioso impresor francés Christophe Plantin —conocido como Cristóbal Plantino en España—, cuya imprenta llegó a ser la más importante de la Europa del Renacimiento. Esta edición de la Biblia, según indicaba la información de La Voz, cuenta con «numerosos grabados de gran calidad realizados por diversos artistas flamencos». Estas imágenes figuran también en la llamada Biblia políglota de Amberes, impresa anteriormente por Plantin y preparada por el célebre humanista y escritor español Benito Arias Montano.
En la colección descubierta por Manuela Sáez también se encontraba otro volumen impreso por Christophe Plantin en 1573, que contiene un Oficio de la Virgen y un Oficio de difuntos. «Junto con estas obras han aparecido misales y otros libros para uso litúrgico de los siglos XVI y XVII, provistos de excelentes ilustraciones y de gran valor bibliográfico», señalaba la noticia de La Voz. Sin embargo, en la colección no se habían encontrado otras valiosas obras que se sabía que habían sido donadas al convento por la condesa Catalina de Zúñiga, como un libro de grabados de Alberto Durero y varias ediciones renacentistas de tratados clásicos de arquitectura.
También pinturas
En el desván del convento de Santa Clara no solo apareció entonces esta importante colección de libros. El sacerdote César Carnero —entonces presidente de la asociación Patrimonio de Lemos y más tarde delegado de patrimonio histórico del obispado lucense— encontró en un rincón poco accesible de este mismo espacio una vieja caja de madera de pino que contenía nueve lienzos enrollados. Se trataba de una serie de antiguas pinturas de origen italiano y español del siglo XVII. Según explicó Carnero, estas piezas —decía la noticia publicada en este diario— «no son obras de primera fila, pero algunas de ellas presentan un notable valor artístico». Una de las mejor conservadas era una imagen de María Magdalena, que también era la pintura de menor tamaño del conjunto.
Aunque los libros y las pinturas estaban más o menos deteriorados, su conservación se había visto favorecida por las buenas condiciones que ofrecía el desván del convento. El lugar estaba limpio y ordenado, y se ventilaba con frecuencia, lo que sin duda ayudó a que se conservasen el papel y el lienzo.
Por otra parte, las pinturas —según opinaba Carnero— ya estaban muy deterioradas antes de que fuesen guardadas en el desván del convento. A su juicio, debieron de almacenarse cuando ya no servían para ser exhibidas, después de haber permanecido colgadas en las paredes durante muchos años. En los monasterios, añadía, «nunca se tira nada que tivese un uso relixioso ou que posuíse un valor artístico», aunque su estado sea ya muy defectuoso.
Piezas que ahora se pueden mostrar en el Museo de Arte Sacro
Cuando se descubrieron los antiguos libros y las pinturas en el desván del convento de Monforte no sabía cuándo se podrían mostrar al público las más valiosas de estas piezas. El Museo de Arte Sacro que se encuentra en este edificio no disponía por entonces de espacio suficiente para exhibirlas. La comunidad clarisa, apuntaba la información de La Voz, estaba totalmente a favor de que exhibiesen las obras de mayor interés, pero no contaba con recursos económicos para acometer las obras de ampliación que se necesitaría para ello.
En los años siguiente se inició un proyecto de ampliación que se vio paralizado y aplazado por diversas circunstancias, pero finalmente las obras se pudieron llevar a cabo y las nuevas salas del museo se abrieron al público en el 2015, una década después del hallazgo del desván
Nueve salas
El Museo de Arte Sacro cuenta ahora con nueve salas, en una de las cuales se exponen en vitrinas algunos de los libros más valiosos que se descubrieron hace veinte años. En sus fondos figuran también otras importantes piezas bibliográficas, como un incunable editado en 1499 y o un libro de himnos litúrgicos impreso en el siglo XVII por encargo del papa Urbano VIII, que fue regalado a la condesa Catalina de la Cerda, fundadora del convento.
El centro, por otra parte, amplió sus horarios y modificó su sistema de visitas, con lo que ahora puede acoger a un número considerablemente mayor de personas a lo largo del año. Con el nuevo régimen, los visitantes pueden recorrer sus salas sin ser acompañados por un guía