El océano Atlántico, a su paso frente a Muxía, no deja de volver la mirada hacia uno de los tesoros arquitectónicos más importantes que esconde la villa: el santuario da Virxe da Barca.
Cuenta la leyenda que, durante su peregrinaje para cristianizar las tierras del noroeste peninsular, el apóstol Santiago recibió la visita de la Virgen en una barca de piedra, de la cual son tradicionalmente considerados como restos, otro de los referentes simbólicos de la zona, la Pedra de Abalar, A Pedra dos Cadrís y la Pedra do Timón.
La primera, un megalito de 9 metros de largo y 30 centímetros de grosor, se balancea produciendo un sonido ronco que los feligreses interpretan como el susurro aprobatorio de la Virgen a aquellos libres de pecado. También cuentan que su eco sirve para avisar de los temporales a los marineros de la zona.
Bajo la de Os Cadrís fue encontrada la figura de la santa que actualmente reposa en el santuario. Esta piedra esta asociada con la curación de diversas dolencias y bajo su mole pasan los romeros nueve veces, para lograr dicho objetivo.
Aunque los primeros documentos escritos que se conservan sobre el templo datan del año 1544, se cree que fue construido en torno al siglo XII, como edificio religioso destinado a vencer el culto pagano adorado en la zona.
Diversas reconstrucciones sitúan el inmueble de estilo barroco, (aunque no exento del simbolismo clasicista anterior), a principios del siglo dieciocho. Concretamente, se comenzó en 1719 y se terminó gracias a las donaciones de Xoán de Rivadeneira, Conde de Frigiliana, continuadas por su hija Tereixa de Taboada y su marido el Conde de Maceda, José Benito Lanzós Novoa.
La casa rectoral fue levantada con posterioridad, en 1828 por mandato del párroco muxián José Fondevila Martínez. Poco después en 1834, fue erigido el campanario. Las torres son, en cambio, recientes y fueron financiadas por un vecino de la localidad, Romualdo Bentín Moreira. Su planta de cruz latina de 33 metros de largo por 19 metros de ancho, consta de una sola nave construida con gruesos muros de sillería.
En su interior anteriormente existían cinco retablos, que el paso de los siglos hizo desaparecer conservándose solamente el retablo mayor. Este fue encargado en 1717 por Francisco Mourín al escultor Miguel de Romay, que realizó una impresionante estructura, en cuyo cuerpo central aparecen representados los doce apóstoles rodeando a la Virgen. Estas figuras ampliamente decoradas conforman el mejor ejemplo barroco de toda el conjunto.
El santuario da Virxe da Barca, se alza todavía orgulloso, después de haber permanecido a lo largo de los siglos como importante lugar de culto y peregrinación en la zona. Todos los años, cada segundo domingo de septiembre, congrega en sus inmediaciones a miles de fieles, que acuden a la romería de Nosa Señora da Barca, convirtiéndola en una de las de más importantes y de más tradición en Galicia.