A media voz Las posibilidades del aeródromo de Rozas, asociadas a proyectos que aún no han acabado de cuajar, ofrecen una nueva salida con la formación de pilotos planeadores
09 feb 2006 . Actualizado a las 06:00 h.Los pájaros despliegan sus alas y se lanzan a la aventura. Vemos cómo vuelan las gaviotas sobre el mar -prohibidas las interpretaciones en clave política-, cómo se mueven las palomas de tejado en tejado o cómo irrumpen en el paisaje urbano los estorninos. Pero seamos claros: no vuelan sino que planean, ayudados en unas alas extendidas e inmóviles. El arriba firmante, a pesar de que acredita haber visto más de una vez con sus propios ojos movimientos de aves como los descritos en el párrafo anterior, no había caído en la exactitud de esa cierta distinción entre volar y planear cuando ayer, entre el ajetreo de un día de trabajo, recibió información sobre un curso organizado por el Real Aero Club de Lugo. Descripción La mencionada entidad ha puesto en marcha este mes un curso de pilotos de vuelo a vela, nombre algo extenso que significa en realidad el aprendizaje en el arte de planear. La iniciativa puede parecer novedosa, y de hecho lo es, ya que se trata de la tercera escuela de ese tipo que hay en la península Ibérica. Las otras dos están en Fuentemilanos (Segovia) y en el Algarve (Portugal). El 4 de febrero fue la fecha elegida. Cinco alumnos - Álvaro Richmond , Ángel García , José Carlos Martínez , Luis Gil y Luis Abelleira -, dos instructores - Emilio Iglesias y Ricardo Iglesias -, un remolcador - Juan Doval - y un examinador - Fernando González - se pusieron manos a la obra. Los inscritos demostraron su pericia y dieron muestras de saber volar sin motor. Un bautismo de aire, vamos. La prueba tuvo además la dificultad de celebrarse en un día de frío y húmedo viento de nordeste. La jornada concluyó con una comida, en la que hubo unos brindis más que justificados. En el fondo, los asistentes al curso lograron uno de los anhelos más antiguos de la humanidad. Podemos pensar en Ícaro y en la cultura clásica, pero también en una famosas canción que tantas voces han interpretado, de Domenico Modugno a Gipsy Kings -«Y volando, volando feliz yo me encuentro más alto que el sol»-, y que a más de uno le traerán recuerdos de fiestas, bailes y amores. El amor, a fin de cuentas, es una forma de volar. Que el aeródromo de Rozas puede tener más usos que los actuales parece una casi una obviedad. Si esperamos unos meses, teniendo en cuenta que en el 2007 hay elecciones, parece casi seguro que tal hipótesis aparecerá en el horizonte de promesas y eslóganes. Pero esa es otra historia.