Varias decenas de figurantes

La Voz

LUGO

23 feb 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

Poco antes de la una de la tarde anuncian por megafonía la inminente salida de los autobuses con destino a Portomarín y O Páramo, y a Friol. El primero es un microbús de Castromil pero, curiosamente, el que tiene como destino el vecino municipio friolense es un Scania de gran tamaño. En el grande hay un pasajero y en el pequeño, pocos más. Pese a ello, la llamada herciana no surte efecto en la sala de espera, en la que cerca de la mitad de las personas que se encuentran allí en ese momento están sentadas en los bancos sin inmutarse. Tampoco se inmutarán cuando avisen de la salida de autobuses con otros destinos. Son jubilados de la residencia de San Roque o de sus propias casas que acuden diariamente a pasar el rato a la estación, al amor de la calefacción central y de una probable conversación con cualquier viajante que llegue con anticipación. Incluso puede que vean a alguien de su pueblo que les de noticia de como sigue todo. Abeledo los conoce a fuerza de verlos y dice que son alrededor de 50 los habituales, aunque al menos 20 o 30 acuden a diario, domingos incluidos. Si hace frío aumenta la parroquia y si llueve, pasean por el amplio vestíbulo. Con el único «pero» de que ocupan la mayor parte de los asientos, el gerente afirma que nunca causan problemas e incluso le dan ambiente al recinto. No opina lo mismo de cinco o seis «maleantes» que acudían regularmente a montar follón, provistos de sus cartones de calimocho. Con la ayuda de los policías que están al lado, fue cortada esa práctica, lo mismo que la de encerrarse en los servicios para pincharse. En los casi 31 años de existencia nunca se quedó ningún intruso en su interior para pasar la noche. Estas dependencias tampoco están en el punto de mira de los que practican el botellón.