Una noche de pánico en Navia

Saúco Fernández
Saúco Fernández NAVIA DE SUARNA

LUGO

FOTOS: PRADERO

En directo | Madrugada en el fuego Las llamas alcanzaron varias viviendas y cuatro aldeas fueron desalojadas. Algunos vecinos se negaron a abandonar sus tierras y lucharon toda la noche contra el incendio

08 ago 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

Los vecinos de la zona de Moia fueron desalojados de sus viviendas a causa del grave incendio que sufre la zona. Algunos se vieron obligados a pasar la noche en Navia de Suarna, a la espera que los servicios contra incendios lograran salvar sus casas del fuego. Alrededor de una decena de vecinos de las aldeas afectadas se negaron a abandonar sus propiedades e hicieron frente a las llamas, codo a codo con las brigadas, durante toda la noche. Cerca de 60 personas, entre residentes de Moia, Quintá de Moia, Navallos y Vilar de Moia se aglutinaban en las calles de Navia alrededor de la medianoche a la espera de que las autoridades les informaran de la situación. Estas aldeas, que durante el invierno a penas se encuentran pobladas, ven durante estas fechas triplicada su población a causa de los emigrantes que regresan para disfrutar del verano. El nerviosismo se apoderaba de los vecinos a medida que avanzaba la noche y la información sobre el estado de sus casas no llegaba. Además, casi todas las familias contaban con algún miembro que se había quedado en la zona combatiendo el fuego. Los habitantes de Quintá de Moia, alrededor de quince, pudieron regresar a sus casas hacia la una de la mañana. Antes lo habían hecho los de Vilar de Moia. No corrieron la misma suerte los residentes en Navallos y Moia, que a primeras horas de la madrugada recibían la noticia de que el fuego asolaba sus casas. La gente de Navia se solidarizó con los desplazados. Muchos vecinos ofrecieron a los damnificados sitio para pasar la noche a la vez que intentaban tranquilizarlos. La primera en abandonar la calle fue Encarnación. Una anciana de 94 años, natural de Moia que aseguraba «ter moito medo» y que preguntaba sobre sus hijas, de las que se había separado durante el desalojo y de las que aún desconocía su paradero. A las dos de la madrugada, el alcalde de Navia, Vicente Flores, que llevaba todo el día coordinando los trabajos de extinción, aparcó las tareas y se trasladó hasta la capital del municipio, acompañado por el capitán de la Guardia Civil, para tranquilizar a los desplazados. El mandatario se dirigió a los vecinos con ánimo de sosegarlos, pero anunció que de momento no se podría regresar a las aldeas porque a esa hora «la situación era muy peligrosa en la zona». Llegado este punto, los ánimos se caldearon, y algunos afectados, en su gran mayoría emigrantes en Cataluña, criticaron la actitud del alcalde y la Guardia Civil. Le recriminaron que el Concello no contase con «un plan de emergencia», y protestaron por el trato recibido por el cuerpo de seguridad. Además exigieron que se les habilitara el pabellón municipal para pasar la noche. Flores advirtió de que el polideportivo se encontraba «pelado» y que era «frío», además sugirió que sería mucho más agradable pasar la noche en las casas de los vecinos. Algunos, reprocharon la actitud de los veraneantes y recordaron a éstos que «a culpa non a ten ninguén». Después de unos instantes donde se intercambiaron opiniones, algunas subidas de tono, los ánimos se tranquilizaron y el alcalde invitó a los afectados que habían decidido no irse a dormir, a tomar un café en un negocio del pueblo. El local permaneció abierto hasta primera hora de la mañana, cuando el alcalde regresó de las labores de extinción y comunicó a los vecinos que el peligro había pasado en la zona y que podían regresar a sus domicilios.