Reportaje | Nuevos espacios públicos en Vilalba El pintor e ilustrador vilalbés Eduardo Baamonde ultima la decoración de un mural, que se instala junto a un jardín creado por alumnos de educación infantil
24 ago 2006 . Actualizado a las 07:00 h.El arte puede se fruto de la inspiración pero también de la transpiración. Subido a un andamio, a unos tres o cuatro metros de altura, el pintor e ilustrador vilalbés Eduardo Baamonde suda bajo el sol de una mañana de agosto, mientras va dejando huella de su esfuerzo y haciendo realidad lo que decía Picasso sobre la inspiración: que el artista debe esperar trabajando su llegada. El trabajo en el que estos días se afana Baamonde es la conclusión de un mural de unos 90 metros cuadrados (dieciocho de largo y cinco de alto) situado al aire libre. El lugar en donde trabaja es un muro de un jardín colindante con el centro de salud, el mismo en el que alumnos de la Escola de Educación Infantil llevan años trabajando en proyectos de creación y conservación de zonas verdes incluidos en Voz Natura, iniciativa de cuidado ambiental que promueve la Fundación Santiago Rey Fernández-Latorre entre centros escolares de Galicia. Al otro lado del muro está el centro de salud; es decir, de un lado, la salud del cuerpo, y del otro, la salud del espíritu. Baamonde comenta que su trabajo, realizado con pinturas acrílicas, persigue «satisfacer a ilusión dos rapaces». Ranas y gnomos, cabozos y cajas cúbicas semejantes a las que contienen un regalo son algunos de los elementos pintados. A los niños les corresponde animar el decorado con su imaginación: «Aquí hai unha historia, pero os nenos teñen que inventala», dice. Los colores fuertes y claros saltan a la vista, aunque Baamonde comenta que ya se encargará el paso del tiempo de que vayan palideciendo. Tras llegar de un certamen de la ciudad francesa de Bagnols, en donde presentó unas 20 acuarelas en diferentes formatos, Baamonde, que inició esta tarea hace más o menos un mes, llega a afirmar que este mural incluso puede suponer una reflexión sobre «a beleza inútil» de las cosas: «Hai cousas que nos atraen, e logo descubrimos que están baleiras», dice. ¿Puede pensarse, pues, que la inutilidad sea una característica de la belleza? «Menudo tema», responde Baamonde riendo. Sí insiste en que le gusta reflexionar sobre el valor que a veces tienen las cosas solo por su envoltorio, lo que nos lleva a comprobar que en el fondo «non son tan belas como pode parecer». En el mural se ve un predominio de formas redondeadas y orgánicas, con las que se persigue la transmisión de «sensacións agradables, sen agresións». Baamonde también considera que el mural será en cierto modo una alternativa en tiempos en los que los niños «están invadidos por xoguetes cos que non xogan», ya que su intención es el fomento de la creatividad. De todos modos, su ilusión va un poco más allá: «Quero -declara- que a xente pare e se pregunte qué pasa aquí». Y lo que pasa es que el arte ha conquistado un espacio en el centro urbano de la capital chairega.