TRIBUNA | O |
26 oct 2006 . Actualizado a las 07:00 h.LO RURAL no está de moda. Los cánones del siglo XXI obligan a los jóvenes a compartir su soledad en oscuros cuartos de grandes urbes a la espera de una oportunidad profesional. El futuro tiene el color gris del asfalto; alquileres desorbitados, hipotecas imposibles y precariedad laboral golpean el orgullo de una generación. Mientras tanto, el medio rural se desintegra, los pueblos se convierten en cementerios de historia, en lugares donde la maleza y el abandono lo invaden todo. Es un ciclo imperfecto, un viaje unidireccional hacia ninguna parte. Un movimiento migratorio hacia el campo no supondría la renuncia a los sueños profesionales. Las tecnologías convierten en realidad el teletrabajo. Lo rural no solo debe reivindicarse como una forma de vida, sino como un espacio vital. Y así debe ser interpretado por la Administración.