Los pactos

JOSÉ RAMÓN ÓNEGA

LUGO

TRIBUNA | O |

31 may 2007 . Actualizado a las 07:00 h.

LO MISMO que los currantes pedían en la barra un café Zapatero, ahora los políticos demandan pactos a la carta. Por el momento, en Lugo, hay dos silencios que se escuchan. Uno, el de Francisco Cacharro al que algunos adjudican sonrisas sardónicas en las madrugadas, y otro, el del alcalde López Orozco que comenzará los contactos con los partidos para gobernar. Los silencios en política son una bendición. En este campo, florecen las rosas del amor tardío y emergen los dioses del poder. Cacharro y Orozco son un símbolo, cada uno en su atalaya. Cacharro es todo discreción y sabiduría política, trabajo duro e historia. Lugo sin Cacharro será otro paisaje, otra dimensión, otra lejanía. Orozco es un político oreado de Nerudas y repleto de tiempos populistas. Las meigas de mi Chaira están confusas. Usan la bola de cristal porque les falla el ungüento de sapo. A Orozco, por la mañana le colocan en la Diputación, y por la noche en el Ayuntamiento. Todos consultan los manuales y las fuentes. Por el medio aparece el latigazo que es Gómez Besteiro resumiendo la situación con intuición deductiva: «Nin me postulo nin me deixo de postular». La Diputación es una perita en dulce, un obrador místico. A Cacharro, deberían nombrarle asesor perpetuo porque lleva en la memoria la sombra de Lugo. Con Orozco me gustaría hablar de Kant y otras filosofías, incluso del PGOM. Además, hay que convidar a Barreiro y citar a García Diez.