Víctor Bouza acaba de colgarse la plata en el campeonato de Europa de vóley playa; su hermana Nuria participó con éxito en el mundial; para ellos la red alta no supone obstáculo alguno
24 jul 2007 . Actualizado a las 02:00 h.as sagas son al deporte un elemento común. Familia obliga. En Lugo, decir Bouza es decir voleibol. Dos de los más jóvenes pertenecientes a la tribu acaban de dejar el pabellón, no ya de la ciudad o de Galicia, sino de España, en lo más alto, de Europa y del mundo. Víctor Bouza consiguió el domingo la medalla de plata del Europeo de vóley playa sub 18. Su hermana Nuria, subió hasta el puesto 17 del mundial sub 19 de la misma especialidad. Huelga decir que ambos compiten en el Emevé Laboratorios Nupel. Y eso que en Lugo no hay playa (y tampoco se anda sobrado de instalaciones para esta actividad), pero tampoco en Chequia, donde Víctor logró esa plata. Aunque con un camión de arena, dos postes y una red, se pueden hacer milagros. Y sin playa, y frente a competidores que les sacaban unos cuantos centímetros -incluso horas de vuelo en lo que entrenamientos se refiere-, los lucenses dieron la de cal. «Creo que éramos los más bajos», recordaba Víctor (mide 1,86 metros y su pareja Jesús Cortizo, 1,87), que se apresuraba a enseñar en su móvil una foto con uno de los rivales rusos -a los que ganaron- y que le sacaba la cabeza, por encima de los dos metros. Algo similar le ocurrió a su hermana Nuria y a su compañera Patricia Gavira, en Polonia. ¿La receta para enfrentarse sin temor a salir escaldadas con mujeres más grandes?: «Defender y defender todo el tiempo. Tirarse a por todos los balones. Porque nosotras no teníamos bloqueo». O sea, convertirse en el frontón que las contrincantes trataban de derribar. Inferioridad aparente Si los centímetros hacían parecer a las parejas españolas (hispanolucenses) en inferioridad aparente frente al resto de selecciones, debieron combatir otras desventajas. Y es que, tras los respectivos campeonatos de España (Nuria quedó cuarta y Víctor campeón), y sin solución de continuidad, enlazaron con las competiciones internacionales. «Sólo tuvimos dos horas para conocernos», recuerda Nuria. «Nosotros jugamos juntos por primera vez en el campeonato», puntualiza Víctor. El vóley playa necesita de gran coordinación y conocimiento del compañero, pero ellos lo suplieron con «intuición y trabajo». Era su primera competición internacional, con gradas a rebosar y televisión en directo («me sentaba en la silla a secarme y tenía una cámara delante, ¡como Rafa Nadal!», recuerda Víctor). Afrontaron sin titubear la tensión. «Con tanta gente te creces», apunta Nuria. «Mi compañero estaba un poco más nervioso», dice Víctor, cual veterano curtido en mil batallas.