Un tesoro que pide ser restaurado

Lucía R. Insua lucia.rey@lavoz.es

LUGO

07 sep 2007 . Actualizado a las 02:00 h.

En el corazón del casco antiguo de Lugo, en la praza da Soidade, se levanta una pequeña capilla de la Orden Tercera de San Francisco, en la que se rinde culto a la Virxe da Soidade. Al entrar, el crujido y la polilla del suelo de madera, los viejos candelabros que cuelgan del techo, el polvillo que cubre los altares de San Antonio, de San Francisco, de la Inmaculada, del Ecce Homo... permiten vislumbrar tiempos mejores. «Algunha xente di que está caendo de vella, pero está moi viva aínda», explica pacientemente don Amador López Varcárcel , profundo conocedor de un templo del que fue capellán durante más de cuatro décadas.

Muchos visitantes se acercan a la pequeña iglesia atraídos por la curiosidad. Sin embargo, pocos pueden acceder al interior ya que la mayor parte del tiempo se encuentra cerrada. Durante el verano se puede entrar los sábados y los domingos, entre las 17.00 y las 20.00 horas, y el tercer viernes de cada mes. «Falta gente comprometida para abrirla y permanecer en ella para que pueda entrar la gente», lamenta una integrante de la Orden Tercera, que quiere mantenerse en el anonimato. «Antigamente había misa todos os días, pero hoxe en día non hai cregos, nin misas, nin xente para escoitalas», argumenta don Amador, autor, entre otros estudios, de Historias luguesas , en el que presenta un documentado trabajo sobre la capilla.

El templo fue construido alrededor de 1690 por los franciscanos. Cuenta el clérigo que la devoción a la Virxe da Soidade nace de una peste que sufrió Lugo hace siglos, momento en que los feligreses sacaron en procesión la sencilla imagen, fabricada con «unha cara, unhas mans e uns trapos». «A imaxe como tal non vale tres pesetas, igual que moitísimas que había por España adiante. O que lle dá valor son outras cousas», indica. Durante decenios, las derramas extraordinarias y las colectas de aportaciones voluntarias mantuvieron la capilla en todo su esplendor. Falta de implicación de las administraciones. Los tiempos han cambiado, y fieles y curiosos demandan ahora la implicación de las administraciones para restaurar la capilla de la Orden Tercera. «Necesitaríase que algunha institución botase unha man, senón é imposible», indica don Amador. «Recaudamos para ir haciendo pequeños arreglos, pero con lo poquito que se consigue no se puede hacer nada», indica una devota. Cuando Francisco Cacharro presidía aún la Diputación, se barajó la posibilidad de crear un museo de arte sacro en la iglesia. Una idea que no tardó en quedar aparcada. «No fondo era unha maneira de darlle vitalidade ao edificio para que non caese e sen prexuízo dos cultos. Pero foi unha cousa temporal, algo que non prosperou, supoño que por cousas políticas. Esperemos que algún día cambie a cousa», resaltó el sacerdote. Veinte integrantes de la agrupación seglar. Hace doscientos años, había en la agrupación seglar franciscana varios centenares de personas, según indica el veterano capellán. En la actualidad quedan poco más de una veintena. El más joven -de 22 años-es la excepción que confirma la regla en un grupo en el que prima la gente de mediana y de avanzada edad. «No somos muchos, pero vamos allí, trabajamos todos juntos, celebramos reuniones y tenemos algunos actos litúrgicos», relata una fiel. Actos en Semana Santa. Durante la Semana Santa, la capilla recupera una cota de protagonismo. Especialmente el Viernes Santo, cuando, cerca de la media noche, la figura de la Virxe da Soidade encabeza la procesión de Os Caladiños. También sale en la conjunta de todas las cofradías.