La crisis de la Policía Municipal

La Voz

LUGO

El inicio del San Froilán coincide con uno de los momentos más tensos en las relaciones entre gobierno y agentes locales

28 sep 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Lugo, ciudad que nació campamento militar, tiene un gobierno que a veces se pone bravo, ordenancista y así. El gobierno bravo acaba de abrir expedientes a tres agentes de la Policía Local, y lo que no debería de pasar de un trámite administrativo amenaza con elevar a la categoría de incendio un doméstico fuego de campamento. En la vieja ciudad amurallada, el alcalde filósofo, que ha leído a Lao Tse y sabe que el valor de un acto se juzga por su oportunidad, avala, pese a ello, procedimientos disciplinarios que llegan cuando aún resuenan en el aire los ecos de la protesta airada por la peligrosa improvisación de Protección da Comunidade en el domingo del Día da Bicicleta . Orozco bendice expedientes, que nada tienen que ver con el descontrol dominical, y lanza así un bumerán que en el retorno buscará su cabeza, aventando quizá los papeles dormidos de viejos pleitos.

El mejor alcalde Orozco es hombre de calle, peatón tertuliano y abrazador; el mejor alcalde Orozco es el del «efecto Orozco», el que desbrozó caminos por los que después transitaron otros hacia la Xunta y la Diputación. Como Demóstenes, convencido de que las pequeñas oportunidades son el principio de las grandes empresas, aquel chaval de Montirón que hoy ocupa la alcaldía abrió ventanas en el consistorio por las que al PSOE le entraron los votos a raudales, con el viento fresco del cambio. Orozco abría ventanas y algunos de los suyos las cerraban; y tan rápidos fueron cerrándolas que menguó el caudal de votos y se acabó la mayoría absoluta. Y otros siguen cerrando ventanas, una tras otra, y Orozco es menos alcalde de calle, menos peatón tertuliano y abrazador.

Hay quien dice, tal vez sin fundamento, que, en las filas del alcalde, alguien juega sus propias cartas y abre y cierra ventanas a su antojo, acogido quizá al amparo de las familias socialistas que se protegen y enrocan ahora que el poder les es propicio. En el incendio de la Policía Local se quema el alicaído prestigio de un cuerpo que conoció mejores tiempos y se chamusca el «efecto» Orozco, sin que algunos de los suyos parezcan especialmente preocupados.

Mientras crece el incendio en la Policía Local, desde las filas del Bloque surgen, entre manos tendidas, ofertas de colaboración, para resolver un lío laboral en el que la CIG va por libre y deja la unidad sindical para CSIF, UGT y Comisiones. El Bloque, al que Orozco condena al incómodo ayuno de poder municipal, parece intuir, alumbrado por el conflicto, un sendero hacia alguna parte cerca del poder. Claro que, a veces, en el juego de luces de los fuegos, las sombras resultan confundidoras y engañosas y hacen ver lo que no es. Ya lo dijo el alcalde después del pleno para el debate sobre el estado del municipio: «Hai que entender a vida política», o lo que es lo mismo, nada es lo que parece, ni parece lo que es, que todo depende del momento y de la necesidad.

Los expedientes a los tres policías, por asuntos que vienen de viejo y no del pasado domingo, siguen su curso y el concejal Rábade dice que está a punto de rematar el informe que encargó para aclarar por qué pasó lo que pasó el Día da Bicicleta. Conocido el encargo, algún lucense descreído y coñón, que los hay, recordó que alguna vez dijo El Roto que «lo más importante de un informe es quién nombró a los expertos». Lage , conocedor o no de la obra de El Roto, ya avisó de que del esperado informe habrán de deducirse responsabilidades y, de éstas, expedientes o destituciones. Más lejos llegó el popular Enrique Rozas que pidió de frente y sin medias tintas la destitución del director general de la Policía Local, Darío Diéguez , y logró de Rábade un silencio espeso y displicente. En el incendio de la Policía Local se queman también posibilidades de que el partido que lidera José Manuel Barreiro apoye los presupuestos del Concello para el 2009 y Lugo toree sin mayores contratiempos meses de crisis y sobresaltos.

En el revuelo del tsunami financiero, el Ayuntamiento entretiene las preocupaciones de los lucenses con chuscos episodios del culebrón de la Policía Local. Ahora que llega el San Froilán y los carteristas engrasan las herramientas del oficio que son sus dedos, la Policía Municipal protagoniza la actualidad laboral y política. En Lugo, el gobierno a veces se pone bravo y ordenancista y consigue unas fiestas muy animadas y sonoras, así como en el pasado Corpus.