Si ya en el principio de temporada se había significado como principal punto fuerte del Breogán su juego interior, no es menos cierto que desde el perímetro los lucenses se muestran, ya desde hace unas cuantas jornadas, apabullantes. Si un jugador puede servir como fiel reflejo de tal dualidad, es Lucho Fernández, clave en la victoria de la última jornada en Vic, y «acostumbrado» a moverse entre dos aguas, el puesto de alero y el de ala pívot. «El equipo está muy bien compensado, con gente grande que lo hace bien por fuera, y es algo que entrenamos», alega el gallego como motivo de tal fortaleza.
Él no se siente extraño en su doble faceta, acrecentada si falla alguno de los interiores, como en estos partidos Bill Phillips. «La verdad es que lo hago así desde hace muchos años», dice. Tantos, que el resultado es óptimo, como en Cataluña el sábado. «Salió bien -admite-. Pero yo en lo único que me fijo es en que el equipo gane».
Su aportación adolece de continuidad, pasando de ser determinante a disputar unos pocos minutos, situación que aclara: «Hay partidos en los que te encuentras más cómodo, mientras que en otros no se está nada acertado. Y cuando sucede lo primero, siempre gusta tener el balón».
Este fin de semana, sin competición para ellos, deberán conformarse con ver la Copa Príncipe desde la distancia. «Es una puñeta no poder estar», asegura Lucho.