El temporal de la política

LUGO

Con los efectos del vendaval aún visibles, la proximidad de las elecciones agita las relaciones entre los principales partidos

01 feb 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Al amparo de la Muralla florecen desde la noche de los tiempos ideólogos de ocasión, chamarileros del pensamiento. Lugo, ya se sabe, es una dinámica fábrica de reflexiones, dichos y sentencias que van quedando en el aire denso de la política provincial, en ocasiones a modo de contramanual de buenas prácticas. «Hay que saber cambiar de póla a tempo», dijo en recordada ocasión un alguien que vio por dónde venía el viento y puso la proa hacia el norte seguro que entonces era Francisco Cacharro. Ahora que el ex timonel de la provincia sale de nuevo en los papeles para avisar del riesgo de ruina electoral a su propio partido, en Argentina el alcalde de Lugo anima a los emigrantes a votar aunque no tengan actualizada la documentación. Otros filósofos de afición arman estos días teorías para explicar por qué después de cuatro años en la Xunta casi nada ha cambiado en las infraestructuras eléctricas.

En la provincia hubo, quizá aún hay, gentes que se vieron condenadas a alumbrarse durante la semana que termina con candiles inciertos, con la urgente luz de las linternas. Galopa el siglo XXI y mientras las agencias empiezan a ofrecer viajes al espacio, en Lugo, un viento recio sopla en la provincia, menea los cables y las torretas de los tendidos y deja a los lucenses sumidos en la oscuridad y el sobresalto. Y aparecen entonces los teorizantes de ocasión, los ideólogos de la supervivencia política, los intervencionistas que intervienen sólo a veces, y le echan la culpa al viento. El departamento autonómico del que es responsable el nacionalista Fernando Blanco ha sido, sin duda, uno de los que han estado más presentes en los pensamientos de los lucenses durante los últimos días. Al lado, justo al lado, de las empresas suministradoras.

El mismo viento que se llevó la luz de la provincia trajo de vuelta a la actualidad lucense al ex presidente de la Diputación, Francisco Cacharro. Y volvió para disparar un poquito al PSOE y mucho más a su propio partido, al PP, ése en el que aún no se ha dado de baja. Faltan líderes, vino a decir Cacharro, como quien sopla sobre la hoguera en la que se consume su partido allá en Madrid, mientras el olor a chamusquina se extiende como se extendía cuando la UCD empezó a licuarse camino del sumidero de la Historia. Cacharro, el hombre en el que se miraba todos los pepés de España a la hora de los resultados electorales, avisa ahora, mientras distrae su retiro político, de que no ve líderes sólidos en su partido. Y así, claro, devuelve los favores recibidos en los distintos ámbitos de la dirección popular. El presidente provincial del PP, José Manuel Barreiro, hizo como que no oía y dejó a la candidata Raquel Arias entonar la cantinela de los liderazgos consolidados.

En la batahola popular, bajo el ventarrón que sopla sobre el PP, es probable que el vilalbés Fraga recuerde estos días a Lampedusa y con él diga: «(...) Nosotros fuimos los gatopardos, los leones, quienes nos sustituyan serán chacales (...)». En algunos sectores populares se da por seguro que Fraga no pasará la campaña sin dejarse caer por Vilalba para echarle una mano a su partido y disfrutar del calor de sus fieles. También podrían pasar por Lugo durante la campaña, se dice en ámbitos populares, tanto Gallardón como Esperanza Aguirre.

Mientras el viento apagaba las luces en la provincia, los alcaldes socialistas cenaban a la luz de las velas en un hotel de las afueras de la capital. Cuando llegó la calma, el lucense José López Orozco y tres de sus colegas de la provincia se fueron a Argentina y Uruguay a explicar qué bueno es lo suyo a los emigrantes gallegos. En la delegación de la Xunta en Buenos Aires, Orozco animó a votar aunque el votante no tenga la documentación actualizada. A la oficina de prensa se le ocurrió relatar la ocurrencia del alcalde filósofo y se armó, claro, un revuelto notable en las filas populares y nacionalistas. El alcalde lucense tiene alma viajera, habita cada vez más en el verso machadiano: «¡Este placer de alejarse! / Londres, Madrid, Ponferrada, / tan lindos... para marcharse / Lo molesto es la llegada!». En tanta ida y venida hay quien cree encontrar la pista de aspiraciones políticas que van más allá de la alcaldía y de los límites del municipio de Lugo. Podría ser, o quizá no, que al amparo de la Muralla florecen, junto a los ideólogos de ocasión, augures de pronóstico mutable, ejercientes del arte de «cambiar de póla a tempo».