Un hotel y los líos de la oposición

LUGO

En la Diputación vuelve a ser motivo de debate el edificio de la N-VI mientras el BNG local busca polémica con el PP

14 jun 2009 . Actualizado a las 14:47 h.

Lugo, ya se sabe, tiene algunas ruinas ilustres y otras que no lo son tanto, pero resisten acogidas a la indiferencia social. Hay muertos arquitectónicos que siguen muy vivos, ruinas que se niegan a enfilar el camino del olvido. El antiguo Hotel Miño es uno de estos muertos, un ejemplo de cómo el dinero de los impuestos acaba en el sumidero que conduce a las cloacas de la política institucional. El antiguo hotel está otra vez, después de tantos años, en el día a día de la vieja ciudad murada que es Lugo. Está tan de actualidad como el entretenido juego que practica la oposición municipal, muy dedicada a combatir entre ella mientras el PSOE de Orozco, sin más problemas que los que se crea a sí mismo, navega tranquilo en las aguas municipales. Entre el Hotel Miño y las liortas consistoriales en la capital, la economía del agro, que es como decir la economía lucense, se desangra día a día, mes a mes.

El viejo Hotel Miño es la mejor demostración de que la historia nos persigue y acaba por alcanzarnos. La Diputación adquirió el edificio, en medio de una polémica monumental y alguna acción judicial, en los años 80 del siglo pasado, en lo que fue una operación tan política como comercial. Y nunca supo qué hacer con el viejo hotel, al que dedicó no pocos recursos. Ahora, abandonado, destrozado por okupas y gamberros de todo tipo, la Diputación se desharía del inmueble de muy buen grado. Y ya hay posibles compradores. Lo que antes adquirió un gobierno presidido por Francisco Cacharro Pardo (PP), a alto precio, está ahora en venta por el equipo que preside José Ramón Gómez Besteiro (PSOE). Cómo mudan los tiempos, pensará el hombre que, después de librarse del edificio, vio confirmada su elaborada teoría política, que sabiamente resumía así: «Hai que cambiar de póla a tempo».

El socialista Antonio Gato , que conoce bien la Diputación, no se anduvo por las ramas y, a su manera, recordó que fue el PP el que compró el inmueble. El Hotel Miño fue «un gran pufo que o PP lle meteu aos intereses patrimoniais da Diputación».

Mientras el polémico edificio de la N-VI entretiene los días en el palacio de San Marcos, en el de la plaza Maior el alcalde, José López Orozco , asiste, seguramente perplejo, al guirigay que montó el Bloque, o al menos lo intentó, con el PP a cuenta del parque de bomberos. El nacionalismo lucense no acaba de encontrarse a sí mismo y avanza veloz hacia ninguna parte. ¿Qué le pasa al Bloque que no es lo que era? ¿Qué se cuece detrás de los silencios? ¿Qué esconden las batallas con el PP que son más propias del gobierno local? Los populares insisten una y otra vez en que el liderazgo municipal de Xosé Anxo Lage está cuestionado en el seno de su partido y sugieren incluso que hay planes para su relevo. Pero, para su relevo por quién y por qué. ¿Acaso Lage no se empleó a fondo con todos los medios a su alcance? Seguramente, el portavoz de los nacionalista ha cometido algunos errores, pero el BNG comete uno más si, como sugiere el PP, llega a cree que el problema es Lage.

En Lugo, claro, la política también es, como dijo el clérigo Bossuet, «un acto de equilibrio entre la entre la gente que quiere entrar y aquellos que no quieren salir». Un equilibrio difícil, sí, que exige tanta atención que a veces hace que los protagonistas del juego no calibren adecuadamente los problemas de la sociedad. Entretenidos como están, no ven que la economía de la provincia se desangra. El oro blanco que es la leche corre por las cunetas como demostración palpable de la creciente ruina de un sector que se hunde. Los ganaderos pasean su angustia por calles y supermercados, y gastan su tiempo en protestas que quizá son sólo un avance de lo que vendrá. En la economía global, la Galicia interior es tan poca cosa, tiene tan poco peso que la protesta de sus ganaderos es una anécdota, una incidencia no considerable en los balances de los que deciden los precios.

Lugo, ya se ve, está donde estaba. Hoy, como ayer, el Hotel Miño es asunto de actualidad, como lo son las protestas de los ganaderos. Es, en gran parte, la consecuencia de la fidelidad inalterable de la clase política lucense al consejo cervantino: «Confía en el tiempo, que suele dar dulces salidas a muchas amargas realidades». El viejo hotel y la situación del sector lácteo son dos amargas realidades; pero el tiempo no las ha remediado. Quizá ocurre lo que pensaba Shaw, que «la política es el arte de los charlatanes».