Verano de polémicas y protestas

LUGO

El PSOE utiliza la gestión de Cacharro en la Fundación Cinegética para minar al PP de Feijoo y a José Manuel Barreiro

12 jul 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Lugo es tierra de gentes aficionadas a la caza y, entre los muchos, algunos hay que cazan con munición de otros. Ocurre en el monte y pasa también en la política. El caso de la Fundación Centro Superior Cinegético y Piscícola de Galicia anima los días de la Diputación y trae a la actualidad nombres como los de Francisco Cacharro Pardo y Francisco García-Bobadilla . Que la historia nos persigue es verdad incontrovertible y así ocurre con la fundación que tiene su sede en la finca de Tor, sobre la que el gobierno provincial del socialista José Ramón Gómez Besteiro ha puesto la lupa. La caza, sí, es práctica habitual en la política lucense, aunque el ejercicio venatorio sea cada vez menos interesante por la docilidad de las piezas. Las gentes que capitanea Alberto Núñez Feijoo cayeron como pardillos en la liga que con forma de Muralla le extendió López Orozco .

Los socialistas empiezan a recobrarse del disgusto inmenso que para ellos representó la pérdida de la Xunta. De aquel mal trago han extraído lecciones y una de ellas es que tienen que recuperar carga ideológica y músculo para el cuerpo a cuerpo de la política. Es el «rearme ideológico» que se ha propuesto llevar a cabo en sus filas el alcalde de Lugo. Y por esas trochas andan los socialistas poniendo trampas y enredos a los poco enérgicos miembro del equipo de Feijoo. Orozco, hábil pajarero de la política, enredó en la liga de la Muralla al Gobierno gallego y se adjudicó el mérito de que la Administración autonómica haya iniciado, por fin, la limpieza del monumento. Orozco jugó con la Xunta como jugaba Ramón González Rodríguez con Vicente Quiroga -alcalde al que un día Lugo habrá de reconocer su trabajo- cuando necesitaba su voto: «Sentíndoo moito, temos que votar .... afirmativamente .... non». Pues así y aún más en el caso de Orozco, porque la foto de Raquel Arias , delegada provincial de la Xunta, inspeccionando las labores de limpieza fue el mejor colofón a este asunto que podía esperar el alcalde filósofo. Hasta la delegada parece ocupada en la digna tarea de eliminar la maleza que crece en el monumento. «No es eso, no es eso», dijo una vez Ortega y Gasset y tal vez deba recordar Arias.

En el frente provincial, el organismo que preside José Ramón Gómez Besteiro está empeñado en poner al PP frente al espejo. Y el espejo devuelve la imagen de Francisco Cacharro Pardo que el PP de Feijoo y José Manuel Barreiro quiere olvidar cuanto antes. Vuelve Cacharro a los papeles diarios y con él la historia de la Fundación Centro Superior Cinegético y Piscícola de Galicia. Circulan facturas de llamativos viajes, inventarios de exposiciones de valor cuestionable y así. Es un asunto que ya está en manos de la fiscalía.

El caso de la fundación con sede en la finca de Tor ameniza los días de un verano soso, como los animarán las tractoradas que vienen. La primera de ellas será mañana. A los ganaderos lucenses se les acaba la paciencia, se les agota la capacidad de sufrir. Lugo es su agro y sin él no es nada. Hoy como ayer, Lugo (vale decir Galicia) es la vaca pintada por Castelao: come aquí y la ordeñan en otro lado. Los tractores salen de nuevo a la calle y son un grito desesperado, un aviso, tal vez uno de los últimos, de la muerte anunciada de un sector esencial en la economía lucense.

La protesta llega a la calles y los policías locales tendrán que pastorear tractores mientras repasan las venturas y desventuras del cuerpo al que pertenecen. Entre sentencia y sentencia, entre expediente y expediente, los policías locales hacen su trabajo lo mejor que pueden y les dejan. En algún momento, el hijo de guardia civil que es el alcalde Orozco tendrá que mandar parar a los unos y a los otros, abrir la válvula por la que salga la tensión acumulada entre su gobierno y los sindicatos y buscar puntos de encuentro. Quizá sólo puede hacerlo él, quizá ya no puede aplazar más decisiones que debió tomar hace algún tiempo. Nunca en la historia de la Policía Local de Lugo se vivió tal follón judicial, administrativo y sindical como desde que Orozco es alcalde y, probablemente, no es debido a decisiones tomadas por él, pero sí consentidas y respaldadas. En el más reciente capítulo del culebrón, el juzgado de lo Contencioso anuló la adscripción de los agentes a las distintas divisiones decidida por el gobierno local.

En este territorio de cazadores que es Lugo, en el verano político la veda sigue abierta. Y es cosa de temer que haya quien haga caso del viejo aviso cinegético: «Cazador que tira y no persigue, poco o nada consigue».