Después de dos días de duras e intensas pruebas, los ganadores del concurso Na busca do tesouro vieron ayer recompensado su esfuerzo al recibir los correspondientes premios. En la categoría de 14 a 17 años, el ganador fue el grupo 383, y cada uno de sus tres componentes se llevó un ordenador portátil. Los segundos clasificados -Zinc So!-, recibieron cámaras digitales, y los terceros -Las buscadoras- se llevaron un iPod. En la otra modalidad, la de 18 a 30 años, el grupo Nosotros ganó como primer clasificado un viaje a Tenerife. El segundo premio, tres cámaras de fotos, fue para Nabuco, y el tercero, otro iPod, lo ganó el grupo Lugones. La entrega de todos estos obsequios tuvo lugar ayer, en un acto en el que participó Rosana Rielo, responsable de la Concellería de Xuventude, organizadora del concurso, y el alcalde, José López Orozco, que felicitó tanto a los premiados como al resto de participantes, unos cincuenta en total. Por mucho que se diga que lo importante es participar, a cualquiera que tome parte en un concurso lo que le hace ilusión es ganar. De no poder conseguirlo, lo que toca es asumir la derrota con deportividad. Aunque no siempre ocurre así, y lo que les cuesta asumir a algunos de los participantes en esta edición de Na busca do tesouro es que determinados concursantes hayan vulnerado las reglas del juego, que dicen expresamente que las pruebas han de realizarse caminando, y hayan tenido la osadía de utilizar motocicletas y otros medios de transporte. Que este toque de atención sirva pues para que la organización esté más alerta y en futuras ediciones no se produzcan este tipo de trampas. Hasta allí transportó la compañía lucense Palimoco Teatro a los que ayer asistieron en el auditorio Gustavo Freire a la representación de la obra Construcións Clementina, dígame. El grupo que dirige Paloma Lugilde, acompañada en el reparto por Sabela Martínez, Alfonso Míguez, Paula Buján y Alberte Viveiro, puso en escena la historia de una persona mayor, Clementina, que un día recibe la terrible noticia de que el día de Nochebuena va a ser desalojada de su casa. Rota de dolor, Clementina deja volar su corazón y se deja llevar de la mano de curiosos personajes, como o home das apertas, a nena do ollo pecho e a nena das arestas. Guiada por estos singulares amigos, Clementina consigue ver cumplido uno de sus últimos deseos: viajar a la luna. Pero no acaban aquí las sorpresas, porque allí la protagonista va a encontrarse con un compañero muy especial: Sigfrido. Ese carbonero gigante que llega desde la sierra de O Courel se está convirtiendo en alguien familiar en la capital lucense. Después de su primera visita el día de Navidad, ayer volvió a darse una vuelta por la ciudad, haciendo lo que más le gusta hacer: palpar las barriguitas de los niños y niñas para cerciorarse de que están bien alimentados y regalarles un puñado de castañas para que sigan cuidando su alimentación. La visita de ayer estaba organizada por el colectivo cultural Madia Leva. Desde su sede en la capital lucense partió el apalpador en un recorrido por las calles de la ciudad que lo llevó hasta la ludoteca del Centro Social Uxío Novoneyra, donde el carbonero sorprendió a los más pequeños invitándolos a castañas asadas.