El hijo de Baltar inició las primarias presumiendo del apoyo del 95% de los cargos del PP de Ourense. Su rival presentó 400 avales que le garantizan el 33% de los votos en el congreso. El baltarismo perdió en 15 días el 28% de su fuerza y la tendencia es a la baja. A Baltar padre le saltaron todas las alarmas y decidió quemar el último cartucho ante Rajoy. Sabe que si pierde el congreso lo pierde él y no su hijo que, sin su amparo, tendría menos éxito que un vendedor de iglús en el Sáhara. Por eso pide árnica a Rajoy. Para que le den una salida digna si el sábado el peso de la democracia es más importante que el del nepotismo que ejerció durante 20 años. Baltar creía que las victorias del PP en Ourense eran propias y no de Fraga, Aznar o Feijoo. Por primera vez teme a las urnas porque ahora va a cuerpo descubierto.