La explicación del funcionamiento y del uso de la energía solar ha sido una de las principales actividades de la Escola de Educación Infantil en este curso
05 jun 2010 . Actualizado a las 02:00 h.El nombre, Gardiáns do planeta; el objetivo, concienciar a niños de corta edad, de tres a seis años, de las características y de las consecuencias del cambio climático; el aliado, el sol. La Escola de Educación Infantil de Vilalba ha partido de esas premisas para profundizar en este curso en un proceso de divulgación de la energía solar, incluido en las actividades de Voz Natura, programa ambiental que impulsa la Fundación Santiago Rey Fernández-Latorre con el apoyo de entidades públicas y privadas y en el que este centro participa desde hace ya varios años.
El sol es un aliado en el proyecto, pero también funciona casi como un amigo. Para los niños, a pesar de sus pocos años, es una imagen habitual, como lo ha sido antes para otros y lo seguirá siendo cuando la infancia esté en manos de otros y los niños de hoy hayan pasado a jóvenes o a adultos. ¿Quién no se ha sentido inclinado a dibujar un sol alguna vez?
La directora de la escuela, Marisa Barreiro, se hace esa pregunta en voz alta para subrayar esa familiaridad con el astro rey y para recalcar que así es más fácil explicar a los pequeños los contenidos de la iniciativa. Las explicaciones, como suele ser habitual en este programa ambiental, han tenido un apartado práctico en el que los pequeños se han implicado con entusiasmo.
Cocinas
Uno de los aspectos incluidos en el proceso ha sido la elaboración de pequeñas cocinas solares. Los del último curso, niños que están entre cinco y seis años, confeccionaron esos aparatos, con cuyo funcionamiento se pretende explicar cómo funciona, por ejemplo, un cambio de estado: una pequeña porción de chocolate sirve para ver el paso de sólido a líquido antes de que los activos espectadores descubran que ese proceso, como recoge el diccionario, se denomina fusión.
Para elaborar una de esas cocinas se cumplen los preceptos de reciclaje y de reutilización que están presentes en una conducta ecológica. Se toma una caja de zapatos, y en su interior se forma otra caja pequeña, envuelta en aluminio y separada de la mayor por bolas aislantes. Luego, en la tapa de la caja de mayor tamaño se coloca la funda de un cedé o de un deuvedé. Se pega, y en la parte superior se coloca también aluminio.
La refracción del sol atraviesa la tapa y eleva la temperatura. Los niños, afirma Barreiro, comprendieron bien el proceso, en el que intervinieron con dedicación: incluso aportaron el material necesario. El sol impartió su lección, y ellos parecen haber tomado buena nota de esas enseñanzas.