Carioca

José Ramón Ónega

LUGO

Si viviese Truman Capote estaría haciendo las maletas para documentarse sobre los escándalos de Lugo, como hizo para escribir A sangre fría. Lo que se va conociendo sobre la operación Carioca revela que no solo es una trama sórdida y criminal, sino una novela negra que podría ser llevada al cine por Hollywood. No falta de nada: sexo, prostitución, muertes, fiestas en yates, violencia, implicados importantes, borrado de huellas, y por ahí. Lo que anticipan los periódicos adquiere una dimensión que rebasa la noticia de sucesos. Lugo se ha puesto a la cabeza de la crónica negra, de la trama sucia, del crimen organizado. A la vieja ciudad del Sacramento, protagonista de otras noticias más humanas y entrañables, la posee ahora la trágica sinrazón de la tragedia. Pero la maldad camina con el hombre y no tiene fronteras ni lugares reservados. Dijo Sartre que lo más aburrido del mal es que uno se acostumbra. Después de ver tantos crímenes en los medios, parece como si lo que nos ocurre al lado fuese normal. Cualquier película de la tele nos muestra esta violencia que disculpa o relativiza la podredumbre moral que nos invade. Y ahí está el peligro. Copiamos del cine los argumentos que más tarde trasladamos a la vida real. Cuando vemos la mierda en nuestro pasillo nos parece que el olor viene de fuera. Y no solo lo tenemos en casa, sino que nos corrompe. La «Carioca» es el triste espejo de una sociedad que está perdiendo el rumbo. Se muestra ante nuestros ojos y en personas que conocemos, pero en vez de producirnos asombro debería causarnos terror. Es cosa fácil ser bueno: lo difícil es ser justo, escribió Víctor Hugo.