Políticas singulares para días de paro creciente

Enrique Gómez Souto
enrique g. souto LUGO / LA VOZ

LUGO

06 mar 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

Lugo, ya se sabe, tiene características que la singularizan y le dan proyección más allá de sus límites territoriales. Sus políticos, como corresponde a una provincia así, son singulares. No es de ahora, no, pero es así. Los políticos singulares desarrollan políticas también singulares. Por ejemplo, las de creación y promoción de suelo industrial. El caso del parque empresarial de As Gándaras, en la capital, es un ejemplo. Lejos de aunar esfuerzos para promocionar un polígono de primer nivel, socialistas y populares andan en pública discusión sobre el precio del suelo, mientras las empresas asisten perplejas al espectáculo y eligen ciudades con gestores menos singulares.

Es un hecho comprobado, también en Lugo, que la batalla ideológica devino en una mera pugna por el poder, cargada de oportunismo. Ya avisó Alain Accardo de que «se ha logrado el consenso entre una derecha con ideas averiadas y una izquierda con ideales rotos». En Lugo se ve muy bien en la disputa entre socialistas y populares por el precio del metro cuadrado en el polígono industrial de As Gándaras. Al PSOE de López Orozco le parece tan caro que insta a la Xunta a que lo rebaje a la mitad; el PP de Jaime Castiñeira dice que los socialistas tuvieron ocasión de rebajarlo, y no lo hicieron, cuando gobernaban Galicia. Mientras, la Cruz Roja, que preside Luis Abelleira, y el grupo de Cáritas que dirige Ginés Plaza firman un acuerdo para intentar hacer frente a las necesidades de una población en la que aumenta sin parar el número de los ciudadanos que precisan ayuda para comer.

Lugo, sí, es una ciudad de políticos singulares, dados al ejercicio de la democracia inmóvil; el inmovilismo, aclaró Umbral, «es la tentación última y secreta de toda democracia, o sea el presidencialismo alternado». Vaya, Orozco en el ejercicio de la alcaldía, y Castiñeira en pleno intento de practicar el presidencialismo municipal como antes lo hicieron García Díez y Vicente Quiroga. El inmovilismo quizá es lo que corresponde a una ciudad de palomas como es Lugo. De tantas palomas, tan bien alimentadas, que en los próximos cuatro años el Ayuntamiento se gastará 47.000 euros en los servicios de una empresa para que las vaya enjaulando; no todas, claro, pero sí unas cuantas, las suficientes para que no resulten molestas.

En Lugo, los políticos singulares capturan palomas por mano interpuesta y, mientras crece el paro, practican el bucolismo fluvial, acogidos a lo que Orozco y José Ramón Gómez Besteiro denominan plan director del Miño. El paro quizá no se reduzca por esta vía, pero el parado podrá broncear mejor su ocio al pie del río. A Antón Bao, candidato nacionalista a la alcaldía de Lugo, esto del río le viene muy bien, porque le permite asomar por la orilla socialista como socio presuntamente necesario para que Orozco vuelva a la alcaldía de Lugo. ¿Y el PP? El PP está a lo suyo, que es guardar el secreto de su lista electoral para la capital lucense. Presentadas las candidaturas nacionalista y socialista, en las filas populares se asegura que Castiñeira es el guardián, único y celoso, de los nombres de los aspirantes a concejales. Seguramente Francisco Cacharro, que fue más halcón que paloma de la política, reflexionará desde su retiro, a la vista de las circunstancias, acerca de la cambiante consideración de qué cosa es la democracia interna de los partidos.

Lugo, sí, es provincia de políticos singulares. A estas alturas del calendario electoral, aún más singulares.

Lecciones de historia

Las obras de reforma de la calle San Marcos, en la capital, permitieron localizar un nuevo tramo del acueducto romano que abastecía a la ciudad. Estos restos serán expuestos in situ, según las previsiones.