Envidiar a Raquel

LUGO

05 may 2011 . Actualizado a las 12:08 h.

Seguro que muchos de los periodistas que esta noche empezarán a seguir la campaña electoral envidian a Raquel Atanes. En parte, claro, por su valor para encadenar saltos desde puentes con lanzamientos en paracaídas y bajadas vertiginosas de regatos con más rocas que agua. Y, sobre todo, porque mientras ella seguirá asombrándose con la variedad de propuestas de diversión que ofrecen ciudades y pueblos de Galicia a los noctámbulos, a ellos les tocará sumergirse en otro recorrido con mucha menos imaginación.

Y necesitarán tanto valor y resistencia como Raquel para afrontar dos largas semanas plagadas de ruedas de prensa sin preguntas, mítines anodinos hasta que llega el momento de largar el titular para la tele o la radio local, servido en el caso de los grandes líderes a través de la señal exclusiva de la cadena del partido. Y para echar mano del reloj, si trabajan en una tele privada, para ajustar el tiempo a dedicar a cada candidato a los votos de hace cuatro años en vez de contar lo que tenga interés.

La expectación que, pese a todo, suscita saber quién gobernará en el pueblo de cada uno los próximos cuatro años se ve drásticamente rebajada por la saturación de una precampaña interminable y el escepticismo ante la pobreza del mensaje.

Serán muchos los que envidien a Raquel Atanes. O a los periodistas que se ocupan de temas tan complejos como el posible embarazo de Carla Bruni, las secuelas de la boda real o el afeitado del príncipe Felipe. Porque tienen menos limitaciones para expresarse y se divierten más. Salvo que los candidatos se atrevan a romper la burbuja que los va alejando de la gente cada día un poco más.