La procesión

José Ramón Ónega

LUGO

18 may 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

Si no hubiese elecciones, habría que inventarlas. ¿Qué sería de nosotros si Montesquieu no hubiese soñado la separación de poderes? ¿Dónde estaríamos si los griegos del Partenón y el areópago, no inventasen la democracia? ¿Qué régimen tendríamos si Adolfo Suárez y el Rey no hubiesen arriesgado futuro instaurando las libertades? Las ideas envejecen más deprisa que los hombres y ya dijo Adler que es más fácil luchar por los principios que vivir de acuerdo con ellos.

Las elecciones habría que inventarlas, si no existiesen, porque es la única forma de renovar esquemas, promover proyectos y sacudir inercias. En Lugo, no creo que la siesta se haya inventado dentro de la muralla, pero casi. A los grandes proyectos les invade un sopor invencible como el que nos asalta después de las copiosas loupandadas a las que somos tan devotos. Las elecciones espabilan la capacidad inventiva de los políticos, la vocación de prosperar, la lenta marcha a la siesta. Todos los candidatos ofrecen el nirvana, el paraíso en el que no faltan las huríes. Si al menos se cumpliese la mitad de lo propuesto, esto sería jauja, el jardín de las Hespérides, el cielo en la tierra.

Las elecciones ofrecen, además, el secreto encanto del ingenio, la ocasión impagable del cambio. ¡Lo que tienen que discurrir los políticos para vendernos la mercancía! Me ha dado por anotar las paridas más ocurrentes, las frases más frescas, las expresiones más sugerentes. Quizá porque conozco a los protagonistas, me ha hecho gracia la que Barreiro dedica a los socialistas diciendo que sacan en procesión a José Blanco. Tiene ingenio. El humor en política es fundamental.