Otra vez. Una vez más, el amigo la volvió a liar. Tras dos semanas como actor secundario, en cuanto llegó la hora de la verdad y si pierdes te vas, apareció, pero esta vez de protagonista. Los amigos que fuimos a verle estábamos seguros de que ocurriría. Lo conocemos desde hace mucho tiempo y sabemos que en las grandes citas se crece. El martes llegamos a Kaunas muy temprano, estando con él le dije: «Juáncar, tenéis que ganar y tú tienes que meter 25 puntos». Se rió y Juan Carlos, La bomba, Navarro, cambió de tema.
Día D, cuartos de final: 26 puntos, 17 de ellos en el tercer cuarto, cuando se estaban jugando las habichuelas. Después, con el trabajo hecho, a descansar en el último cuarto, el partido estaba ganado. No necesita maquillar sus estadísticas ni valoraciones, no le gusta.
Por la noche, después del partido, nos fuimos a cenar con algunos jugadores y sus parejas. Se nota el buen rollo que tienen entre ellos, a pesar de llevar más de 50 días juntos. Después de la cena, ellos al hotel y nosotros de fiesta.
Al día siguiente, antes de las semifinales, estuvimos otra vez con él. Esta vez le dije: «Mañana a ganar, y tú, a repetir y meter otros 26 puntitos». Se volvió a reír y me dijo: «Es muy difícil, no se pueden meter siempre 20 puntos». Y me dio un puñetazo en el brazo como hace siempre.
Menuda razón tenía, no metió 20, metió 35, casi nada, y rompiendo el partido en un tercer cuarto histórico que recordaremos todos (19 puntos incluyendo ese triple a una pierna) y volviéndonos a emocionar, con alguna lagrimita que otra. No sé cómo se viviría esto por allí, pero aquí en Kaunas, en la calle, en las terrazas, en el hotel, se notó que es el más querido. Sin duda. Sólo hay que ver el respeto que le procesan sus compañeros de equipo, es el jefe.
La final
Y a la final. Para no faltar a la tradición, hablamos antes del partido y le volví a decir: «A ganar, y si metes 25, MVP», sólo dijo: «A por ellos». El resto ya se sabe, supongo que habrá cientos de crónicas en las que se hable del gran partido que hizo la selección, los puntos de Juáncar, su MVP, las figuras dobles de Pau, los tapones de Ibaka, y podría seguir con cada uno de ellos... Pero si puedo elegir, me quedo con el respeto que las aficiones de los demás equipos le tienen a este grupo de amigos. Los tratan como nosotros tratábamos hace unos años a la Yugoslavia de Petrovic y Divac, como los mejores, como algo inalcanzable.
Al acabar el partido nos fuimos a celebrarlo a la Casa de España. Dentro del pabellón, menuda fiesta, con los jugadores, cuerpo técnico, familiares, amigos. Inolvidable. En cuanto se pasó el lío y nos quedamos sólo el grupo de amigos, me dice: «Me dijiste 25 y metí 27». No coment. Todavía no entiendo cómo no es el mejor pagado en el baloncesto FIBA.