Como estaba previsto, nos disponíamos a celebrar lo que se ha dado en llamar la mejor fiesta de Galicia. Bajo la atenta mirada de nuestro santo patrón, lo habíamos preparado todo para que nada saliese mal y nadie quedase defraudado. Incluso este año, para evitar deslucir los festejos, el Concello había tenido la precaución de emitir un bando «anti-manteros», considerando que la manera de ganarse la vida que tienen algunos queda bastante fea. La única pega podría ser que el día grande quedase ensombrecido por otro sarao. La boda de la duquesa de Alba podría competir con nuestra celebración atrayendo las miradas de los inmisericordes amigos del cotilleo y de la vida ajena. Aunque esos realmente no cuentan.
Sin embargo, finalmente ha ocurrido algo que sí ha logrado eclipsar nuestra fiesta. Medio país está hablando de nosotros por otra causa menos alegre y más truculenta. Al parecer, un empresario lucense, que fue imputado hace unos meses por fraude, ha cantado bajo la firme batuta de la jueza que instruye su causa. Como buen barítono, no ha defraudado, y eligiendo un buen repertorio ha tocado todos los palos esparciendo la sospecha sobre un ministro, un ex conselleiro y un diputado.
Gracias al campeón, ahora se habla de Lugo en todos los foros, y no precisamente por lo rico que está el pulpo. No hemos podido tener la fiesta en paz ni nosotros ni el resto de España, a excepción quizá de la duquesa. La próxima vez será mejor que alguien dicte un bando anti-villanos, pero con vigencia para todo el año.