El fondista volvió a vivir la competición tras superar una rotura del Aquiles
02 ene 2012 . Actualizado a las 06:00 h.Ni las horas de entrenamientos, las zapatillas gastadas por cientos de kilómetros o el hielo diario en cada una de las pequeñas molestias. Un atleta echa de menos tras una larga convalecencia la competición. Cuando esta falta desde hace un año, el hambre es canina. Afortunadamente, Rubén Castro pudo darse un buen atracón en la Lugo Monumental. Atrás quedaban doce meses de sinsabores, 365 días de un régimen casi espartano. Necesitaba sentir una dosis de competición fluyendo por sus venas.
Hace un año, ganaba el circuito Cidade de Vigo pese a unos fortísimos dolores en el calcáneo en la Carrera del Pavo. A partir de ahí «un martirio». Lo que se presuponía una fractura por estrés no fue tal. «Estaba en As Termas, me llaman por teléfono y me dicen que tengo el tendón de Aquiles agarrado por un hilo. Me empezaron a caer lágrimas y no podía parar», cuenta. Un diagnóstico que cambiaba a peor las fechas de recuperación, pero que llegaba dos meses después de haber tenido que frenar. «Les estoy muy agradecidos a la doctora Luis Ibáñez y a mi fisioterapeuta, Ismael Carballo. Se portaron muy bien conmigo», recalca Rubén, quien tuvo que costearse la recuperación.
La cumbre fue aplicar factores de crecimiento a la zona dañada, algo que no es precisamente poco doloroso. Era el definitivo punto de partida para volver.
Descubrimientos
El primer ejercicio lo hizo subido a una elíptica: «Me dijeron que hiciera veinte minutos y estuvo una hora...». Antes, ya le habían aplicado un estricto régimen alimenticio. «Nada de cereales, y yo cuando inicio una cosa soy muy radical, no me ando con media tintas», confiesa Castro. De la elíptica, a la bici de carreras, con la que volvió a paladear la competición. «En mayo y junio hice cuatro pruebas de cicloturismo que me dieron la vida», reconoce. Tanto, que en este inicio del 2012 probará con el duatlón.
Volvió a correr en junio, y desde entonces ha quemado etapas. De sentirse lento y pesado, a recorrer unos 70 kilómetros a la semana («la mitad que antes»). Y la pasada semana, competir: «La noche antes recuperé las viejas sensaciones. Cuando me puse el dorsal... Lo mejor es que no tengo ninguna molestias. Y que disfruté de la carrera».
Rubén castro Atleta