El singular caso lucense de los concejales cesantes

Enrique Gómez Souto
enrique g. souto LUGO / LA VOZ

LUGO

25 nov 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

Es Lugo ciudad que tiene largamente acreditada su singularidad. Su peculiar carácter se manifiesta a diario, pero resulta más fácilmente apreciable en circunstancias especiales. Ocurre ahora, en estos días que son un continuo ir y venir de papeles y gentes entre los juzgados y el Ayuntamiento, entre la Praza Maior y la de Avilés. En la singular ciudad que es Lugo, dos concejales del Bloque, Antón Bao y Paz Abraira, sobre los que no recae sospecha alguna, abandonan el gobierno lucense porque su presidente, de otro partido (PSOE), se niega a dimitir pese a estar imputado en el caso Pokémon. Mientras el socialista López Orozco, tras declarar ante la jueza y salir como entró, afirmaba «¡qué bien hice en no dimitir!», Bao y Abraira abandonaban sus despachos para volver a la oposición. Hay quien dice que en esta situación de crisis, el que sale perdiendo es el Bloque; el trabajo hecho por los nacionalistas merecía mejor fortuna. Orozco disfruta de una magnífica ocasión para reflexionar, a cuenta de Liñares, sobre lo que otro socialista le dijo a González, atónito ante la desvergüenza de Roldán: «¡Nunca imaginé la cantidad de cosas importantes que ignora un presidente!».

(La crónica completa en la edición de papel)