Pizarra lucense para el Bembibre

Miguel Álvarez LUGO / LA VOZ

LUGO

Técnica ayudante de Chiqui Barros, Álvarez podría clasificarse para la Copa de la Reina con el conjunto berciano

03 dic 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

Ha pasado mucho tiempo desde que Raquel Álvarez (Lugo, 1983) dio sus primeros botes con un balón de baloncesto en las filas del Sagrado Corazón. En la actualidad se ha convertido en la única entrenadora ayudante lucense en la Liga Femenina 1. Milita en el Bembibre, equipo que ocupa la cuarta posición. Y se ha asentado en tierras bercianas. Pero no ha perdido el contacto con el deporte de la canasta que se hace antes de pasar a Villafranca.

La relación de Raquel Álvarez con el baloncesto comenzó de manera casual. «Hacía campo a través. Hasta que un día, Ramón, que era entrenador del Sagrado Corazón, me vio en el patio y me propuso probar», recuerda. Después de destacar desde edad alevín, cambiar a Maristas y participar en la máxima categoría con el Ensino, dijo basta a la temprana edad de 24 años.

El acto de colgar las botas se solapó en el tiempo con probar las pizarras. «Cuando jugué en Ferrol, empecé a entrenar equipos. Después, me fui a trabajar a El Bierzo. Chiqui Barros se enteró que estaba por allí y me preguntó si podía echarle una mano en el Bembibre», relata Raquel Álvarez. Dicho y hecho. Desde entonces, es la ayudante de un equipo consolidado en la Liga 1.

El destino ha querido que un pequeño pueblo berciano disfrute de baloncesto en la máxima categoría, algo que se ha perdido en su ciudad natal. «Me da pena la situación que se está viviendo allí, pero, a la vez, no, porque no hay gente de Lugo preparada para jugar arriba», reflexiona.

Desde la distancia, contempla el nivel del baloncesto que se realiza en su ciudad: «Quizás se está mejorando un poco los últimos años. El hecho de que Chapela se haya marchado a Cambados supone una buena opción para que recupere nivel. También está el caso de Brais Gago. En cuanto al femenino, el Ensino tiene un equipo júnior muy bueno y Esther Castedo, del Estudiantes, también está destacando. Pero aún queda mucho para que aparezca un jugador determinante».

Su última experiencia en Lugo fue en el Ensino. La compatibilizó con el cargo de ayudante en el Bembibre. Pero, por ahora, no se plantea regresar: «Es un lugar complicado para trabajar, porque hay mucha gente del baloncesto. Quizás allí se vean las cosas de otra manera».

Ilusión

En un pueblo como Bembibre, que ronda los 10.000 habitantes, uno de los motivos de orgullo de Álvarez es que el club berciano dispone de categorías de base: «Hay muy pocas niñas y existe competencia con otros deportes como el fútbol. Algunas se van y luego vuelven».

El club berciano ocupa la cuarta plaza en la Liga 1 y en el pueblo se encuentran muy identificados con él. «Ahora ven que tenemos opciones de disputar la Copa de la Reina y la gente nos para por la calle. Nos dicen que podemos clasificarnos. Pero hay que tener los pies en el suelo, porque ese no es nuestro objetivo. Hubo años que militamos en la Liga 2 en que teníamos más presupuesto que en la actual temporada», señala Raquel Álvarez.

Asentada en Bembibre, reconoce echar de menos «muchas cosas» de Lugo, pero «no el clima». Y prefiere no mirar demasiado hacia el futuro: «Para mí, de momento no existe la opción de ser primera entrenadora. Me resulta muy cómodo trabajar con Chiqui y, en caso de que hubiese un cambio, tendría que ver quién sería el jefe. No me veo preparada para dirigir a un equipo de profesionales».