Un cura muy edificante

Xosé Carreira LUGO / LA VOZ

LUGO

carlos castro

El sacerdote de 89 años que busca dinero para poder pagar las obras de su templo

19 sep 2016 . Actualizado a las 15:56 h.

Hace un mes lanzó desde el púlpito un mensaje claro a la alcaldesa de Lugo y a varios concejales de su equipo de gobierno: en la restauración de la capilla de San Roque va gastado mucho dinero; la Diputación colaboró económicamente, pero el Ayuntamiento se hace el longuis. Con 89 años, José Pena Mouriz, el cura que atiende el recinto religioso de este popular barrio de la capital, se embarcó en unos trabajos para salvar el templo de la humedad y el deterioro. Pero, ya se sabe, se empieza a gastar y lo que en principio costaba diez acaba en veinte. Con la capilla pasó algo parecido. Lo que iban a ser algo más de 10.000 euros llegó a 60.000 y ahora toca pagar.

Los casi 90 años no frenan para nada al sacerdote que tiene más ganas que uno de treinta. «Soy un currante de Dios», advierte al periodista al que le pide que hable lo menos posible de él y que no le conceda ningún tipo de protagonismo porque, dice, no lo tiene. «La capilla estaba en unas condiciones muy deficiente y me sentí en la obligación de tratar de arreglarla porque es un patrimonio de todos los lucenses. Hacía unos tres años que habíamos realizado unas obras, pero la humedad seguía ocasionando graves problemas en la construcción. De ahí que tuviésemos que acometer un proyecto más profundo. Y ahora hay que soltar el dinero», expresó el sacerdote.

Pero Pena Mouriz tiene muchos más antecedentes de obras en su trayectoria como cura. Hizo dos iglesias nuevas y también una casa parroquial. «Soy el cura más edificante (de obras, aclárelo muy bien) de toda la diócesis», bromea.

Las iglesias que sacó adelante fueron las de A Vide y Seoane, en la zona de Monforte. Una de ellas se cayó y el párroco tuvo que acometer la nueva edificación y otra la derribó porque era estrecha «y algunos fieles se mareaban en el interior». Eso sucedía, recuerda, en A Vide donde él pasó muchos años. A mayores, también tuvo responsabilidades parroquiales en Becerreá donde preparó una casa para acoger a sacerdotes de la comarca.

En Seoane, recuerda Pena Mouriz, no pidió ni un patacón a los feligreses porque, dijo, no tenían por aquel entonces muchos recursos. Fue él quien tuvo que ingeniárselas para conseguir el dinero por otras vías. En definitiva, media vida de Pena Mouriz estuvo centrada en la búsqueda de fondos para pagar las obras. Pero, insiste, no quiere que se le de relevancia alguna a estas tareas. «Non quero ningún tipo de gloria», advierte en algún momento de la conversación.

Volviendo a la capilla de San Roque, la alcaldesa de Lugo y su equipo, se hicieron por ahora los suecos a lo que dijo don José en el púlpito. No soltaron ni un céntimo para las obras de la capilla. Pero el cura cree que lo harán porque, dice, saben de la importancia histórica de este recinto.

Por lo de pronto, José Pena Mouriz, abrió una cuenta para recibir donaciones. Es de Abanca y tiene la siguiente numeración: 20800104903040014226. En las últimas semanas ya hubo ingresos por unos mil euros.

Como doctor en Filosofía que es, el sacerdote sabe que Roma no se hizo en un día y que, salvo que aparezca un alma caritativa millonaria que suelte un buen puñado de euros de golpe, estos serán ingresados poco a poco y en pequeñas cantidades. Asegura que San Roque tiene muchos devotos también buenos feligreses que todavía. «Poco a poco irá llegando ese dinero que nos falta y evidentemente cuento con que el Ayuntamiento de Lugo, que desde tiempo inmemorial venera al santo, colabore», dijo José Pena Mouriz.

Pendiente la bola del campanario que un domingo se partió

En la capilla quedan pendientes por ejecutar algunos detalles como, por ejemplo, la reparación de una bola de cantería que, según José Pena, «fendeu» un domingo, posiblemente por culpa de alguna inclemencia meteorológica. Asimismo, faltan por darles algunos retoques a las imágenes y después la intervención en el recinto habrá concluido.

«O motivo inicial da intervención era a mellora do aspecto visual do templo cunha operación de pintura. Logo da primeira inspección visual do estado a igrexa apréciase a forte carga hídrica no interior do espazo e a profusión de humidades residentes na fábrica», señaló el arquitecto Justo Portela Fernández, en la memoria presentada al obispado.

El técnico planteó una intervención para contener la degradación en el inmueble provocada por la humedad. Antes del inicio tuvieron que ser efectuadas catas y toma de datos de sales.

Arena especial traída del sur para frenar la humedad de las paredes del templo

José Pena Mouriz destaca que, durante las obras de la capilla fue preciso picar muchos metros de cales para volver a dar masas, «con una arena especial antihumedad que tuvo que ser traída del sur de España». El sacerdote recuerda que tuvo a dos hombres trabajando durante siete meses.

«El tejado se encontraba tan mal que nos filtraba agua por las paredes. Era horrible. Por eso se nos fue disparando el coste porque nos encontramos con situaciones que realmente no se preveían al principio».

El proyecto incluyó también la mejora de la instalación eléctrica y una reparación del sistema de calefacción. En la zona del coro, expresó el sacerdote, también hubo que reparar muchos daños.

Ahora, el templo luce incluso la iluminación del retablo principal que también fue realizada dentro de esta operación de mejora que el sacerdote tiene que pagar. No quiere deudas. El dinero que facilitó la Diputación no llega y, las aportaciones de los fieles tampoco son suficientes para cubrir el desfase de gasto realizado, pero don José confía en que las próximas semanas lleguen más donativos y que incluso otras instituciones hagan sus aportaciones, aunque reconoce que la de san Roque no es la única capilla que precisa ayudas.