Carnaval

Antón Grande TRIBUNA

LUGO

26 feb 2017 . Actualizado a las 05:00 h.

Ya llegó el Carnaval, esos días de permisividad que permiten poner todo patas arriba, siempre con humor y fina ironía aunque en nuestro caso galaico, la retranca juegue un papel importante. Es el momento de decir las verdades a quienes no se le dirían en situación normal, de mofarse de políticos, banqueros o lo que se nos ponga. Algunas mentes obtusas confunden esto con el pecado o con la falta de respeto. Ahí está sino el cartel del Entroido de A Coruña, que puso el grito en el cielo de algunos meapilas porque representaba al Papa disfrazado cuando es todo lo contrario, se trata de una mascarita disfrazada de Papa.

Otras mentes carpetovetónicas y lucenses se han atrevido a dictaminar que no se deberían utilizar disfraces referentes a la monarquía, al clero, al ejército o a la Guardia Civil cuando incluso en el franquismo, en los pocos sitios en que se hacía la vista gorda al carnaval, se utilizaban algunos de estos disfraces.

Cuando lean esta columna, amigos lectores, el arriba firmante estará disfrutando, un año más, del Entroido de Verín, que junto con los de Xinzo y Laza, están considerados de los mejores de España. Me encontraré con gente ataviada de curas, obispos, infantes de España y acompañantes, guardias civiles, militares, caníbales y así hasta todo lo que la imaginación pueda dar de sí. Un año me encontré a una de las juezas de la localidad y a su esposo, ella disfrazada de ramera y el de macarra.

El carnaval es así. El miércoles todo se habrá acabado, volveremos a la monotonía y al cinismo pero mientras tanto, aprovechemos para decir las cosas claras y disfrazarnos de lo que nos apetezca. El carnaval es así, y no hay vuelta de hoja.