Al rescate de la última barca del Miño

Carlos Cortés
carlos cortés MONFORTE / LA VOZ

LUGO

Roi Fernández

Unos voluntarios sacarán de Os Peares una embarcación tradicional que la sequía ha dejado a la vista

05 dic 2017 . Actualizado a las 19:54 h.

Hasta hace unas semanas, solo era posible ver una de las auténticas y tradicionales barcas de Chantada en el ecomuseo de Arxeriz. Era la única que había navegado por el Miño antes de que los embalses cambiasen la fisonomía del Miño y las convirtiesen en reliquias. Las obras que se pueden ver de vez en cuando en exhibiciones y colecciones particulares son reproducciones modernas basadas en muchos casos en la observación de viejas fotografías. Pero a principios de diciembre la sequía dejó a la vista una sorpresa en el embalse de Os Peares. En sus orillas quedó a la vista una barca tradicional como las que se utilizaban para cruzar el Miño entre Chantada y O Saviñao. Integrantes de una asociación de defensa de la cultura fluvial del Val Miñor se proponen sacarla de allí para restaurarla

De hecho, ya intentaron hacerlo este fin de semana, pero tuvieron que renunciar. La barca pesa mucho más de lo que ellos creían. «Co tamaño que ten, pensabamos que tería o peso dunha gamela, pero é moito máis robusta», dice José Manuel Rodríguez, uno de los integrantes del grupo de rescatadores. Todos están vinculados a un colectivo de defensa de la cultura fluvial y marítima tradicional que tiene su sede en Nigrán, aunque lleva un tiempo sin actividad y en este caso actúan a título particular. Se enteraron por una fotografía de Roi Fernández publicada el 8 de noviembre en este periódico de que la bajada de nivel de los embalses había dejado a la vista este raro ejemplar de barca tradicional y decidieron aprovechar la ocasión.

«Traballamos contrarreloxo -explica Rodríguez-, porque por pouco que suba o nivel do encoro xa pode quedar cuberta de novo». La barca estaba a poco más de un metro de distancia del agua. Consiguieron moverla un par de metros hacia arriba, pero sigue estando demasiado cerca como para que se puedan confiar. Los cinco que lo intentaron este fin de semana se proponen volver enseguida, quizás hoy mismo, con más medios técnicos.

Con el material que traían les resultó imposible hacer más. La barca, que es de las que tenían una pieza que la cruzaba en la que se transportaban cestos de uvas o cualquier otro peso, mide algo más de tres metros y medio de largo y pesa entre cuatrocientos y quinientos kilos. El problema no fue solo el peso. Las condiciones de la orilla no son las mismas a las que el grupo de rescatadores estan acostumbrados en el mar. La barca está medio encajada en lo que habitualmente es el fondo del embalse, un terreno complicado de pisar en el que es fácil enterrarse. «Resultou ser un traballiño tremendo», resume de forma gráfica José Manuel Rodríguez.

También les dio trabajo comprobar que pueden sacar la barca de donde está sin que nadie les ponga una denuncia. Tuvieron que investigar quiénes eran sus dueños. Como ya han fallecido, pueden ir a por ella sin infringir ninguna ley. Cuando lo consigan, la pondrán a cubierto y tratarán de restaurarla. Después estudiarán dónde mostrarla.