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Semana grande en Lugo. No voy a ser tan osado como para equipararla con nuestro incomparable San Froilán, ni siquiera con nuestro insuperable Arde Lucus. Pero convendrán conmigo que coincidir en el intervalo de siete días, la visita a nuestra ciudad del Sporting de Gijón y de la SD Ponferradina es motivo suficiente como para darle mayúscula categoría a dicha coincidencia en el calendario. Porque lo que traen consigo estos dos clubs merece atención a todos los niveles.
Activación, reactivación, colorido, movimiento, estímulo, movilización, impulso, acción, movimiento, tráfico, flujo, desplazamiento, agitación, tránsito comunicación… Que cada uno añada y coloque en su espacio, en su entorno lo que considere, pero no parece que todas estas palabras se consideren dañinas y nocivas, muy al contrario. Y todo este lío lo consigue el fútbol. Pues poco que añadir. La emoción de noventa minutos moviliza a miles de aficionados y nosotros somos testigos únicos de todo ello. Sigamos disfrutándolo y alimentándolo porque como la vida misma, no sabemos cuánto nos va a durar.
En el camino nos distraemos, como no puede ser de otra forma, somos humanos. Le damos muchas vueltas a todas las cosas. El momento es este, el instante es ahora y acabamos de recibir a cerca de cuatro mil aficionados en nuestra ciudad, en nuestro estadio. No parece poco.
En el césped, ligero dominio rojiblanco en el inicio. Aún así, los bercianos daban sensación de solvencia pese a no acercarse a los dominios de Fran Vieites. De menos a más y sin grandes alardes fueron mostrándose superiores. Ninguno de los dos conjuntos hizo méritos para irse al descanso con guarismo a su favor, pero los rojiblancos alcanzaron el vestuario con el marcador en contra. Tesón, esfuerzo, trabajo, en el haber local. Señas de identidad reconocibles. También tímidos acercamientos al área y un larguero de Lebedenko.
Movió el árbol el técnico rojiblanco de forma enérgica e hizo un triple cambio en el descanso. Ese impulso le valió el empate y el reparto de oportunidades con su rival, dicho sea de paso, con hechuras para aspirar a casi todo. Hasta que el campo se inclinó tanto que el empate ya sabía a gloria. Pero el cielo lo tocó la Ponferradina con el tiempo añadido.
Bien hizo Rubén Albés en la previa recordarnos que el equipo estaba en números de conseguir el objetivo. El que pensaba que este año no se iban a pasar apuros, que cambie de equipo, aunque apuros pasan todos, cada uno en su registro.
Derrota dolorosa, tristes el cuerpo técnico, jugadores y aficionados. Se levantarán todos. Es responsabilidad de cada uno. San Froilán es lo mejor del mundo, Arde Lucus ya es mayor de edad, pero yo quiero seguir teniendo también semanas grandes.