Carnaval

Antón Grande

LUGO

13 feb 2026 . Actualizado a las 18:02 h.

Siento predilección por el Carnaval, el Entroido gallego que pierde la vergüenza y se disfraza de lo que ocurre, de lo que quiere protestar, de lo que quiere reírse o simplemente, machacar a algún político por sus poses, sus decires, o sus hechos que provocan hilaridad.

Me gusta el Carnaval porque lo llevo en los genes: mi padre nació en Viana do Bolo y se crio en Verín, de donde procede mi familia paterna. Por estas circunstancias, procuro no perderme un carnaval allá, en casa de mis primos Mariher y Juan, donde me dan parada y fonda y guardo un disfraz, un capuchón, que por su comodidad, repito todos los años.

Este año no podré acudir, y bien que lo siento. Una operación de la que afortunadamente me recupero me lo impide, por falta de fuerzas, no de ganas. Y bien que lo siento porque no podré estar en el homenaje que se le rendirá a mi buen amigo Toño do Cesteiro, habitual visitante de Lugo a caballo de su Harley, que murió dos veces, la primera por un error de la Seguridad Social, que ya es errar, y la segunda por un error de su salud. A pesar de todo, espero que mi familia verinense no me dejará sin probar los chorizos calabaceiros, que se fabrican en estas épocas por allí, verdadero manjar de dioses, y que me harán llegar alguno a esta ciudad, escasas en carnavaleo popular.

No digo nada nuevo pero en Lugo se ha perdido el Carnaval, al menos el callejero, el espontáneo, como en Verín, Xinzo o Laza. Recuerdo de chaval disfraces en el barrio, en Recatelo, con lo primero que pillábamos en casa. Todo eso ha desaparecido, o casi, y ahora la fiesta se limita a actos oficiales, discotecas y pubes. Qué bonito. Y que pena.