El equipo lucense, que se fue a los minutos finales con una desventaja de veinte puntos, acabó disponiendo de la posesión para empatar el partido gracias a un Francis Alonso superlativo
19 sep 2026 . Actualizado a las 19:54 h.Probar de tu propia medicina siempre deja un regusto amargo. El Río Breogán Lugo se despidió de su sueño europeo en Bulgaria al caer atrapado en la trampa propuesta por el Dziki Warszawa. Los polacos convirtieron los tres primeros cuartos en un correcalles vertiginoso, de transiciones fulgurantes y posesiones cortas, en el que la escuadra polaca se movió con absoluta comodidad para anular por completo el plan de Luis Casimiro.
Liderados por la electricidad de Joseph Girard III (32 puntos) y la fluidez anotadora de Waterman y Ashton, los de Varsovia impusieron su ritmo desde el salto inicial. Aunque el primer acto transcurrió en un vistoso intercambio de golpes con alternancias constantes en el electrónico, el choque se fracturó definitivamente en el segundo cuarto.
La diferencia no estuvo en las intenciones, sino en el acierto exterior. El Dziki bombardeó el aro lucense desde la larga distancia sin el menor pudor, firmando una sangría de hasta doce triples antes del descanso que dejó noqueado al conjunto celeste.
A diferencia del sobrio ejercicio defensivo exhibido ante el Manchester en cuartos, el Río Breogán sufrió horrores para proteger su zona. Dio facilidades perimetrales a un rival desatado y concedió hasta nueve rebotes ofensivos en la primera mitad. En el bando lucense, únicamente el prometedor arranque de Ilic y chispazos intermitentes de la conexión croata entre Mavra y Brankovic, este último activo en ataque y sufriendo de más en defensa, sostuvieron al equipo. Con el porcentaje exterior de tiro bajo mínimos y cada pérdida castigada de inmediato al contraataque, ni los dos tiempos muertos quemados por Casimiro en el segundo período lograron despertar a los suyos de un espeso letargo.
Tras el paso por vestuarios, el panorama parecía rozar el drama. Tres pérdidas consecutivas del Breogán propiciaron un parcial de 7-0 que disparó la ventaja polaca al borde de los veinte puntos (65-46). El abismo obligó a una parada técnica de urgencia, y la llamada de atención del técnico manchego sí surtió efecto esta vez. Los celestes subieron la presión, mordieron en primera línea defensiva y devolvieron el golpe con un parcial de vuelta hasta el 67-55.
Sin embargo, cuando el Breogán olía la remontada y metía en problemas de faltas al Dziki, reapareció la figura de Girard. El armador estadounidense encadenó once puntos casi consecutivos, con triples inverosímiles desde nueve metros, que volvieron a dinamitar la resistencia lucense.
Reacción tardía
Cuando las fuerzas flaqueaban y el partido parecía visto para sentencia, emergió el orgullo de Lugo. El Breogán tiró de casta para vender carísima su eliminación y desató una tormenta en los últimos diez minutos liderada por un sublime Francis Alonso. El escolta andaluz firmó un último cuarto de jugador de otro nivel, anotando 22 puntos e hilvanando cuatro triples en los primeros cinco minutos de cuarto que tiraron abajo la barrera psicológica de los diez puntos por primera vez en mucho tiempo (102-94).
El Dziki, sorprendido y atenazado por los nervios, comenzó a encadenar errores ante la agresividad defensiva breoganista. A falta de minuto y medio, tras una recuperación forzada que acabó en las manos de Tevin Brown, Alonso dispuso de un triple para poner al Breogán a solo un punto de distancia, pero el lanzamiento no entró. La respuesta parecía definitiva cuando Osunniyi dio aire a los suyos a la contra (111-105), pero Francis Alonso volvió a cargarse de responsabilidad con dos tiros libres y un posterior triple que dejó la remontada a tiro de canasta. Quedaba un suspiro.
Tras dos tiros libres convertidos por Makai Ashton, la última posesión volvió a caer en las manos de un Alonso tocado por la varita, a falta de nueve segundos. Pero este cuento no iba a tener final feliz y esta vez la defensa polaca encimó con todo, forzando un tiro incómodo desde muy lejos que no encontró red.
Con el bocinazo final culmina la aventura europea del Río Breogán en tierras búlgaras. Queda el amargo sabor de haber entrado tarde a la semifinal y rozar el milagro tras remar como un auténtico palista olímpico, pero también el orgullo de un equipo que jamás bajó los brazos.